Sobre efigies, bustos y nombres de avenidas 2

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En el capítulo 2 del libro Historia de la corrupción en el Perú se muestran las bases de la fundación de la República. Entre el fracaso de las reformas borbónicas en el epílogo de la Colonia y los acomodos en el nuevo orden republicano donde, como bien apunta el autor, Alfonso W. Quiroz, el fraude y el contrabando proliferaban sin control.

A grosso modo, y de forma muy sintética, el autor expresa: “Bolívar y su fiel mariscal Antonio José de Sucre formaron a la primera generación de caudillos militares andinos en el arte del financiamiento abusivo de las fuerzas armadas”.

Existe una larga lista de militares caudillos que según Quiroz son “los ápices de redes de patronazgo, surgidas a medida que las viejas instituciones colapsaban y las nuevas se atrofiaban o debilitaban al nacer. Los altos oficiales militares Andrés de Santa Cruz, Agustín Gamarra, Antonio Gutiérrez de la Fuente, Ramón Castilla y José Rufino Echenique… reprodujeron en gran medida y en miniaturas inconexas, las redes de patronazgo antes encabezadas por el virrey y otros oficiales reales”. A ellos se sumaban “los pequeños grupos de capitalistas peruanos, quienes formaban parte de estas redes de patronazgo que se beneficiaban de favores oficiales a cambio de apoyo político y financiero que prestaban a los caudillos”.

Esto es más o menos sabido e intuido. Lo novedoso para el sentido común es la idea que por aquellos años se tenía de la clase dirigente en el Perú. Un elaborado informe preparado por el cónsul general inglés, reflexionaba acerca de los intereses que yacían detrás de la formidable oposición a la reforma radical de los antiguos abusos y de la resistencia que había en el Perú al orden y al método. Para estas autoridades externas “la moralidad de la administración peruana era inferior a la de cualquier otra nación hispanoamericana”: “Los peruanos pueden verdaderamente ser considerados como los napolitanos, y los mexicanos como los rusos de América”.

Mucho más radical, según Albert Jewett, encargado de negocios de EEUU en Lima, “el general Castilla era un hombre sumamente ignorante y su gabinete estaba conformado por ladrones audaces y sin escrúpulos del erario público, que no permitirán que un dólar del dinero del Estado sea desviado del uso de ellos mismos y sus amigos, salvo lo que pueda ser necesario para fines de soborno.”

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Foto tomada el 2014 en Barranco. Por las mismas fechas una estatua de Castilla estuvo derruida en el Centro de Lima.

Es por eso que “las oportunidades eran escasas para los negociantes honrados y competitivos, debido a los turbios tratos entre caudillos y capitalistas parasitarios”. Quiroz es muy puntual al referirnos (como una tenue esperanza) a personajes históricos que quisieron reformar este escenario de corrupción desmedida. El ejemplo es Domingo Elías, quien “abrazó las reformas civiles liberales que chocaban con las tradiciones e intereses corruptos y autoritarios… Desafortunadamente, estos reformadores civiles y los que luego siguieron sus pasos fueron vencidos e impedidos de alcanzar sus objetivos por recalcitrantes intereses creados, firmemente ligados a la naciente burocracia estatal, el despotismo militar y la administración corrupta de los recursos proporcionados por la comercialización del guano”.

Quiroz pasa revista a los gobiernos de Gamarra, Echenique y otros. No queda sin explicación el tema de la consolidación de la deuda durante el gobierno de Echenique, según argumentaba “los fondos de la consolidación habían creado una clase capitalista nacional“.

Ojo con esto.

LA MAZORCA

Por estos años es cuando surge una camarilla subterránea denominada como mazorqueros, quienes se habían beneficiado de la consolidación.

Las primeras redes de patronazgo de los caudillos militares, dependientes de la rapiña y las inconstantes finanzas de emergencia y guerra, se transformaron gracias a los ingresos del guano en redes más sofisticadas, que audazmente abusaban de los medios financieros públicos a gran escala y coordinación nunca antes vistos.

Quiroz no se queda en el pasado, sino que expresa el presente y por qué no el futuro en la siguiente aseveración:

Los lazos existentes entre los principales jefes y figuras de estas redes, y sus relaciones generacionales brindan evidencias reveladoras del lado oscuro de la historia peruana y su legado de corrupción orgánica y sistemática.

Por eso llega a puntualizar con pruebas que la flexibilidad permitida a los diplomáticos peruanos mal pagados en asuntos financieros fue una tradición [por esos años] firmemente arraigada desde la década de 1820. Se suma a esto que el soborno de funcionarios claves por parte de compañías e inversionistas extranjeros, ansiosos por conseguir una ventaja monopólica sobre sus competidores, era una práctica claramente establecida para lograr contratos cada vez mayores de consignación del guano y obras públicas… Lo cual se convertiría con el tiempo en una onerosa tendencia.

Finalmente, sobe el poder del pasado en el actuar de las personas y las naciones, voy a citar a Roberto Miró Quesada, quien en 1983 expresaba lo que abajo cito, y que desearía extrapolaran a nuestra realidad actual. sí, esta realidad de elecciones y pantomimas, acomodos.  Y soliciten conmigo los nuevos valores que el Perú requiere (como amado país que es) y un nuevo tipo de dirigencia que esté obligada a aparecer ahora:

El ordenamiento legal del país [en el siglo XIX] muestra muy bien la realidad que pretende legislar: un país no definido, con una minoría foránea distinta y hasta opuesta a la gran mayoría de la población; un ordenamiento legal que no es enteramente conservador ni enteramente liberal, y que en última instancia no tiene mucho que ver con la realidad que pretende ordenar. Es decir una ficción (…) Uno de los temas centrales de las discusiones entre liberales y conservadores era el concerniente al indio. Para los conservadores el nuevo Perú debía construirse a partir del legado español. Para los liberales el nuevo Perú debía construirse teniendo a las ideas de la Revolución Francesa como guía. Si bien los liberales defendían los derechos indígenas, esta defensa era sobre todo paternalista y lírica. Al igual que los co0nservadores, los liberales no pretendían una revalorización del legado cultural indígena sino tan solo que las leyes conservadoras no agudizaran la explotación de la población indígena”.

 

 

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Salir

salirRomperse las costillas en momentos significativos de la propia vida.

Y que además (esto creo que no está en la obra) ese dolor te permita crear, que esa marca se convierta, de este modo, en un símbolo sobre la creación, me parece desde el saque un acierto.

Es obvio que el teatro tiene un lenguaje propio, por eso he disfrutado el modo como el director ha distribuido a sus personajes. No resulta necesario moverse demasiado para crear tensiones. Basta el drama, los diálogos, los recuerdos.

Esta frase me pareció medular dentro y fuera de la ficción: La familia no es solamente lazos de sangre, sino lazos de lealtad.

Lo espacial entra aquí en juego.

Cinco sillas dispuestas frente al público. Cuatro personajes rodean al escritor. Doctora y enfermero. Mejor amigo y mejor amiga (luego esposa). Los doctores juegan también a ser Papá y mamá. Saltos espaciales y temporales, solo marcados por las actitudes de los actores. En un 98% de los diálogos, los actores no se miran, sino que miran hacia el público (¿su conciencia?). Entonces ¿dialogan? ¿Realmente hablan? Una suerte de voz ultrahumana expresa las marcas de la creación artística, del drama. Suerte de resquicios del bosquejo que llevó al ¿autor? ¿a Dios? a revelar sus marcas.

El final es incierto. Realmente el escritor dentro de la ficción y el autor fuera de ellos no sabe cerrar su obra de modo significativo. Sin embargo, es una obra recomendable. Bien Carlos Mesta, siempre me pareció sobreactuado en las novelas de Michel Gómez, pero en la obra está genial, pausado, ensimismado, niño, enfermo terminal… Bien ahí Amaru. ¡Felicidades!

En Salir se nos presenta a Alonso, un famoso escritor que, desde niño, siempre se rompe las mismas costillas. Pero la vida le ha permitido salir. Esta vez es diferente, esta vez hay algo más. Obligado a tomarse una pausa, entre un enfermero y una doctora, recibe las visitas que hace tiempo esperaba: sus amigos, el recuerdo de sus padres, la vida y el amor, sobre todo el amor.

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The prestige: The second act is called the Turn

Una encarnizada lucha.

Un encarnizado precio a pagar.

¿Es contra otro mago que debo luchar?

O soy yo mismo disfrazado de otro.

Llevar el acto hasta la propia vida

Para que el acto sea perfecto.

Toda obra, todo truco.

Tiene consecuencias.

Me corté dos dedos.

Me maté varias veces.

Dejé mujer e hija.

Me ahogué dentro de una enorme pecera.

Me acosté con mi amante.

Disparé contra mí mismo.

Nada ni nadie me ha detenido.

El otro mago solo ha robado mis actos.

Buscó al gran mago tecnológico.

Hechicería y ciencia se juntan aquí.

Tesla se lo advirtió: destruye ese truco, dijo.

Viendo que un gato negro seguía a otro gato negro.

Tras un bosque de sombreros negros de fieltro.

No lo ha hecho.

Ha llevado su acto hasta las últimas consecuencias.

Pero sigue siendo un mal mago.

El talento está de mi lado.

Sacrificio: dolor y placer.

Tiempo y magia.

Prestidigitación.

He de vencer a mi contendor.

Digo frente a un espejo.

(Tiene la misma forma de una futura pecera)

Mi único testigo será un tramoyista ciego.

Borges!

Mi hermano ha de ver sus ojos blancos con glaucoma.

Mi gemelo (que soy yo) está listo para revelarse.

The Turn.

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Este es el Paraíso

El paraíso en la otra esquinaAño 2003.

Recién inicia la prodigiosa primera década del siglo XXI.

Mario Vargas Llosa aún no es Premio Nobel.

Y sin embargo, escribe sobre la posibilidad del paraíso.

(No obstante, creo que ese paraíso ya no está a la vuelta de la esquina, ya dimos la vuelta y estamos frente a la avenida, transitándola).

Es un paraíso o quizá son dos.

Y qué diferente del paraíso oriental de Miguel Gutiérrez.

Dos super escritores definen a su modo ese paraíso antes de doblar la esquina.

Veíamos que en Babel, el paraíso, Gutiérrez se mueve en el espacio hacia Oriente, mientras Vargas Llosa sube a una nave sideral y viaja hasta el siglo XIX, moviéndose a través del tiempo.

El Paraíso en la otra esquina

Han pasado 12 años.

Es impresionante comprobar que esa novela inconscientemente prefiguraba el paraíso actual: lucha feminista (que no decimonónico), aceptación de la latencia del impulso homosexual, anticlericalismo, disolución de la idea de familia y el amor a favor de un objetivo individual, etc.

Pero en verdad ¿es uno o dos paraísos?

Uno: a pesar de los deseos de sus protagonistas: individual y el otro colectivo.

Vargas Llosa en la polinesiaEl paraíso del origen absoluto y el paraíso imposible en el que las tensiones sociales no serán ya posibles en honor de la armonía.

Paul Gauguin (el pintor, que odia Europa y la civilización moderna) y su abuela Flora Tristán (la reformadora social, que odia a los hombres y las penetraciones :)

Aquí solo desarrollaré el Paraíso de Gauguin.

Paraíso

–Pintar otra realidad.

–Pintar lo subjetivo.

–La visión después del sermón.

Lo cierto era que la pintaste en medio de una atroz disentería, soportando esos ramalazos de dolor que la bilis, amasada en el estómago, te hacía padecer, antes de salir luego por el ano, escoltada por pedos estruendosos que eran el hazmerreír de toda la pensión Gloanec.

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–Esa nueva realidad estaba lejos de la corrompida Europa que Gauguin odiaba y a los anquilosados mercaderes que la sostenían. Por eso antes que someterse a ellos, decide ir en busca de su paraíso a la Polinesia.

Porque a los salvajes tu los entendías. Los respetabas. Los envidiabas. En tanto que a tus supuestos compatriotas, les tenías desprecio.

–Antes había huido al mundo religioso de la Bretaña, donde la gente aún estaba tocada por la Gracia y algunos estaban amoldados a la idea que Gauguin se había figurado debía tener la bondad y la entereza ética de hombres como Jean Valjean, sino porqué te pintaste como tal.

El arte tenía que romper esa moldura estrecha, el horizonte pequeñito en que habían terminado por encarcelarlo los artistas y los críticos, los académicos y los coleccionistas de París.

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–Gauguin se había podido dedicar a la pintura tarde porque

Francia se iba a la bancarrota, amigos. Las Bolsas, una tras otra, cerraban también. ¡Gracias, Dios mío!

–Y entonces escuchaste las historias de Jobbé-Duval.

Sobre su tierra, Bretaña, y sobre los bretones, pueblo primitivo y tradicional, fiel a su pasado, que se resistía a la “industrialización cosmopolita”… Entonces empezaste a soñar con huir de París, esa megalópolis, en pos de una tierra en la que el pasado estuviera aun presente y el arte no se hubiera apartado de la vida común.

–Y luego sentado a la mesa con Ky Dong, le escuchaste decir:

Debía ser difícil esa doble vida. Agente de bolsa varias horas al día, y, en los huequecitos, la pintura y la escultura. Me recuerda mis épocas de conspirador, en Anam. De día, un circunspecto funcionario de la administración colonial. Y de noche, la insurrección. ¿Cómo podías Paul?

–¿Y sin embargo qué encontró en la Polinesia? ¿Maories?

¿Cuál era la justicia en esta isla de porquería que se asemejaba cada vez menos al mundo de los antiguos maoríes y cada vez más a la putrefacta Francia?

–Pero y ¿el amor?

En 1888 ya habías llegado a la conclusión de que el amor, a la manera occidental, era un estorbo, que, para un artista, el amor debía tener el exclusivo contenido físico y sensual que tenía para los primitivos, no afectar los sentimientos, el alma.

–El ideal: ser un salvaje, alejarse de una sociedad corrompida en busca de la pureza primigenia.

Tu pintura, gracias al mundo sin domesticar que te rodeaba, era más libre, más audaz. ¿No estabas contento? No, no lo estabas… Para pintar de verdad hay que sacudirse el civilizado que llevamos encima y sacar al salvaje que tenemos dentro… En él, como en la mente de los salvajes, lo real y lo fantástico formaban una sola realidad. Sombría, algo tétrica, impregnada de religiosidad y de deseo, de vida y de muerte.

–Su primera gran obra Manao tupapau. El clímax de la creación.

800px-paul_gauguin_025Una semana después de terminar su obra maestra seguía retocándola, y se pasaba horas enteras delante de la tela… El cuadro no revelaba una mano civilizada… Más bien la de un ex europeo, ex civilizado y ex cristiano que, a costa de voluntad, aventuras y sufrimientos, había expulsado de sí la afectación frívola de los decadentes parisinos, y regresado a sus orígenes, ese esplendoroso pasado en el que religión y arte, esta vida y la otra, eran una sola realidad…

La noche del susto de Teha´amana, te decías, se rasgó el velo de lo cotidiano y surgió una realidad profunda, donde podías trasladarte a los albores de la humanidad y codearte con los ancestros que daban sus primeros pasos en la historia, en un mundo todavía mágico, de dioses y demonios entremezclados con las gentes.

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Tu lado irracional: Camanchaca

camanchaca-diego-zc3bac3b1igaCamanchaca es breve.

Es una novela formalmente rara.

Original.

Y como dice el epígrafe de Richard Ford, pareciera que no hay mucho que decir.

-Ahí tienes: una historia de familia –dijo Bobby.
-La historia de todo el mundo –respondí-. La historia de siempre.

Camanchaca explota de forma singular su brevedad, su forma de ser directa, describe de modo superficial sus acciones.

Prosaica y millenian.

Y todo lo no dicho es lo que la hace poderosa.

Formalmente es un contrapunto entre el pasado solitario-edípico del protagonista con su madre y el presente agorafóbico de la nueva familia que su padre tiene con su nueva esposa y su nuevo hijo.

Entre el pasado de encierro y sonambulismo junto a la madre que reclama a su hijo le reclame a su padre le dé la ropa de marca que necesita, y la nueva familia que parece burlarse de él.

Es un presente centrado en unir Buenos Aires y Tacna, a través de Santiago e Iquique, viajando a través del desierto nebuloso, que va revelando el absurdo y el desarraigo, y despierta las coordenadas oníricas de su protagonista.

Es un presente provinciano, desvalido económicamente en una Iquique de pirañitas (pungas) que masacran si no te sabes esconder, una Iquique desconectada de Santiago, amenazada por terremotos y tsunamis.

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Un presente de secretos familiares: camanchaca.

Un presente escondido: camanchaca.

El crimen intencional o no detrás de la camanchaca.

La camanchaca bordeando nuestro viaje a través del desierto infinito.

Quiero contarle a mi papá lo que pasó con mi mamá. Ahora me habla de los autos, me dice que los peruanos no saben comprar vehículos, que no tienen clase. Me dice eso y pienso en su BMW 850i. En su Honda Accord… Él sigue hablando del mal gusto de los peruanos… Ahora me habla de las carreteras peruanas, de cómo conducen los peruanos… En el desierto no hay personas. Todo está oscuro… Mi papá no alcanza a frenar… El bulto en mitad de la carretera. Mi papá me mira, coloca su mano en mi muslo y me dice tranquilo. Pone reversa. Mueve el volante, lo esquiva y acelera. Es la camanchaca dice mi papá. Él conduce a 140 kilómetros por hora. Cierro los ojos. Y los veo en la carreta, ahí tendidos en la carretera. Los cuerpos. Niños y viejos. En mitad de la carretera. Los veo en mitad del desierto, y mi papá los esquiva, acelera y los esquiva.

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Babel: la utopía en China

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Precisamente este año se ha reeditado Babel, el paraíso de Miguel Gutiérrez.

Publicada originalmente en 1993. Un par de años después de escribir su más monumental obra: La violencia del tiempo.

El epígrafe de esta novela (cuya autoría pertenece al escritor italiano Italo Calvino) muestra a las claras un relajamiento escritural y de aspiración, luego de los años y el silencio que le llevó escribir al gran autor piurano esa inmensa novela: por calidad y cantidad de hojas. En su riqueza narrativa y su ambición por constituirse en una ficción abarcadora y total.

Si pienso que debo escribir un libro, todos los problemas de cómo ese libro debe ser y de cómo no debe ser me bloquean y me impiden proseguir. Si en cambio pienso que estoy escribiendo toda una biblioteca, me siento repentinamente aligerado: sé que cualquier cosa que escriba se verá integrada, contradicha, equilibrada, amplificada, enterrada por los cientos de volúmenes que me quedan por escribir.

Me interesa esa marca: pasar de un proceso de derrama y depuración escritural a la contención. De este modo se registra que el afán abarcador (que impulsó la escritura de La violencia del tiempo) queda relajado por el afán de fabular un hecho personal: su paso por China, en momentos que el régimen comunista pasaba por su propia crisis y su recambio generacional (de ahí las coincidencias de la reedición del libro y las dificultades que la gran potencia China sufre ahora, haciendo retorcerse al mundo financiero global, precisamente este año, en esta sociedad de la información, esta babel asiática), al mismo tiempo que nuestro protagonista pasa por su propia crisis (disolución familiar, individualismo en busca de comunión).

Otro aspecto sobre la escritura de esta novela: la reconstrucción de las vidas de cada uno de los componentes de la Babel ideal del narrador, de esa comunidad internacional de la que se siente parte, es una muestra de la variedad narrativa e imaginativa de Gutiérrez, pero (y no sé si es un detalle que no se le escapa a quien se dedica a crear también fábulas) se nota el artificio de la fabulación.

Esa facilidad para fabular, signo del narrador con altos recursos.

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A la llegada del narrador-orador-lingüista a China, al hotel en el que todos los extranjeros se hospedan y coviven, realizando trabajos para el imperio, como traductores en algunos casos, es comunicado que debe rendir honores y pleitesías a las facciones en las que se divide el hotel. Para ser más exacto a la facción de hispanohablantes, compuesto a su vez por otras facciones. La comunidad sociolingüística del narrador-orador-lingüista. Al no seguir ese rito y más bien optar por ser parte de los rezagados y marginales mundiales de otras comunidades lingüísticas, nuestro narrador-orador es rechazado por todas ellas. Ante esto declara:

Culpo a mi distracción congénita y a cierta compulsión por expresar siempre lo que pienso de las numerosas torpezas que he cometido a lo largo de mi vida. ¿No sería deseable mis amigos que las relaciones humanas se basaran en la pura espontaneidad de los afectos y no en el cálculo de intereses ni en el imperativo de normas convencionales?

Así expulsado por estos grupos, con sus propios ritos de poder, sus propios clientelajes y deudas, nuestro narrador encontrará esa Babel (no en el sentido negativo del mito, sino de forma positiva) junto a otros artistas del mundo, otros outsiders de otras latitudes: Nepal, Filipinas, Inglaterra, USA, Francia, Nigeria, etc.

Quiero referirme solo al tema de la socialización en esta novela. Está claro que este lingüista, ha tenido ya en su país un proceso defectuoso de socialización. Hay una sección en la que narra sus efectos. Si hacemos una breve relación con ora novela, debería recordar la frase de Dorfman sobre este aspecto en el caso de Los ríos profundos. Dorfman equipara el crecimiento de Ernesto con el de la colectividad oprimida: los colonos. “Crecimiento de un niño, crecimiento de un pueblo” (Citado en Arguedas: 81) Y agrega algo revelador: “Y esta hazaña, epopeya interior, debe ejecutarla en el peor lugar del universo, el más aberrante de los sitios: Abancay”.

¿Qué entiende este narrador sobre el funcionamiento ideal de esta comunidad? Dice que debe existir la “solidaridad sin otro límite que el respeto a la privacidad y el libre albedrío. Simpatía humana, comunicación y entendimiento, entrega y disponibilidad para el requerimiento de los afectos y los deseos”.

Aquí un pequeño apunte, la novela es del 93, apenas ha caído el Muro, ni sombra de Internet como gran fenómeno. Y sin embargo el 2do punto que resalta de esta sociedad es el respeto a la privacidad. Este hallazgo es muy interesante porque al tiempo que encuentra que los ideales (los suyos) caen por la comprobación de lo que ocurre en China, se pregunta:

Cuando se pierde una fe … ¿es absolutamente necesario buscar una nueva para seguir viviendo? 

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Aquí es necesario aclarar que existe una continuidad entre el trabajo del lingüista (recuperar la lengua de una comunidad extinta en la selva, de la cual solo un representante alcanzó a dejar testimonio en unas cintas que en sus tiempos libres, el estudioso se dedica a desentrañar) y la historia de su amigo quien también ha perdido la fe (en ambos casos se podría hablar de una fe política, si es que esto pueda existir) y decide dedicarse a la arqueología.

Finalmente, la novela es una gran fabulación y el mismo lingüista se encarga de dinamitar esas ansias de comunión que parecía haber alcanzado al final de su estancia en la Babel asiática. Ansias que están muy bien expuestas:

Sí, repito, comunicarme con mis semejantes ha sido un objetivo permanente en mi vida, y dentro de ciertos límites, con concesiones de uno u otro tipo, lo logré en algunas ocasiones. Pero nunca perdí la esperanza de alcanzar la comunicación plena, sin que ello implicase la abdicación de una parte de ti mismo. Yo me decía: en algún lugar del mundo debe existir el espacio ideal donde sea posible saciar este humano deseo de comunicación, entendimiento y tolerancia.

Como toda ficción el guiño final de Gutiérrez nos devuelve a la fábula, nos hace conscientes de ella, allí donde la empatía total puede ser posible, superando las barreras del lenguaje y la cultura.

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Los malos entendidos: Carta a una sombra

Héctor Abad Gómez, presidente del comité de Derechos Humanos. Archivo Fotográfico CIP

Héctor Abad Gómez, presidente del comité de Derechos Humanos. Archivo Fotográfico CIP

¿Son solo malos entendidos? ¿Por qué la comunicación (o la incomunicación) y el silencio generan tantos malos entendidos? ¿Es esa soberbia de creer que sabes?

Recuerdo esta reflexión de Philip Roth en su novela La mancha humana

Porque no lo sabemos, ¿no es cierto? Todo el mundo sabe… ¿Cómo saber lo que sucede tal como sucede? ¿Lo que subyace en la anarquía de la sucesión de acontecimientos, las incertidumbres, los contratiempos, la desunión, las espantosas irregularidades que definen los asuntos humanos? “Todo el mundo sabe” es la invocación del cliché y el comienzo de la trivialización de la experiencia, y lo que resulta tan insufrible es la solemnidad y la sensación de autoridad que tiene la gente al expresarlo. Lo que sabemos es que, si hacemos abstracción de los clichés, nadie sabe nada. No es posible saber nada. No sabes realmente las cosas que sabes. Todo lo que no sabemos es asombroso, e incluso lo es más aquello que pasa por saber.

Este es un documental familiar.

Un doctor en prevención que no puede prevenir su propio asesinato.

Un libro (de Héctor Abad Faciolince) que rastrea un poema de Jorge Luis Borges

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Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y los que seremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el fin, la caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá quien fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.

Pero también es un documental sobre un hombre que es mal entendido por su comunidad.

Además es un documental sobre el padre de un escritor, hecho por la hija del escritor. Es adicionalmente una historia sobre la violencia en Colombia en los 80, en Antioquia, Medellín. Pero no es la historia de violencia y muerte producida por sicarios y narcos, ésta es la historia de quienes (madre y hermanos en una sobremesa, reclaman la autoría de los paramilitares colombianos, las cosas malas que dicen sobre un “hombre bueno”, tal y como lo dicen esposa e hijos) en los altos círculos del poder, comentan quiénes son incómodos, y, según sus propias palabras, otros escuchan y deciden de motu propio eliminar a esos personajes incómodos, desaparecerlos.

Sin embargo, sigue siendo la historia de un mal entendido.

El doctor de prevención que visita los barrios más pobres de Colombia y decide hacerlo con su futuro hijo escritor (aún un niño), quien lo acompaña para ser la medida promedio de niños desnutridos y mal desarrollados. Luego se enfrenta a la incomprensión de quienes lo tachan de comunista, de rojo, en una ciudad conservadora, una ciudad llena de curas (como solía decir su abuelo), conservadores y militares y paramilitares, que no entienden que para hacer propuestas en prevención y salud pública, se debe hacer crítica social acerca de lo que se hace mal.

Las contradicciones: una esposa cuyo padre adoptivo era el tío arzobispo y el “comunista” (el esposo) de quien se pedía fuera destituido de la cátedra en la universidad por ser una mala influencia para los jóvenes (emitido el escarnio en la radio). El doctor debe salir de Colombia y vivir en el extranjero (algunos años antes de la violencia de los años 80).

De ahí la nueva comunicación a través del casete, de los audios que grababa para sus hijos y esposa y que muchos años después vuelven a escuchar (en la mesa familiar) y asoman las lágrimas del recuerdo (otra vez) aún viva la presencia de esa sombra. Luego el retiro de la cátedra que enseñaba en Medellín. Entonces se convierte en activista de los DDHH. Luego la muerte.

Salto narrativo en el pasado (este es un salto mío, que no del documental): Héctor Abad Faciolince cabalga por el pueblo de sus antepasados. Rememora al padre y sus diálogos (platónicos, Bertrand Russell, el abuelo), se dirige hacia la plaza, pasa frente al cementerio, un gran mausoleo. Abad dice: aquí están mis antepasados. Mi abuelo está ahí, fue excomulgado por entrar a la iglesia a caballo. (Risas en el público). Héctor Abad el escritor, se acerca a la iglesia. Luce desierta. Es de mañana. Se detiene en la entrada. Desciende. (No se atreverá, piensa el público). Ingresa con el caballo, llevado de la brida. (Sorpresa. Garraspeo. Incomodidad. Alguien sale de la sala).

¿Es este un mal entendido?

‘Carta a una sombra’, relato de la vida y muerte de Héctor Abad Gómez. Ganadora del Premio del Jurado al mejor documental. Directores: Daniela Abad y Miguel Salazar.

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