Pay Attention… And won’t take your eyes off the ball again: “Contracciones”

Son las contracciones del corazón o del sexo o las contracciones previas al parto o las contracciones de la muerte.

La exageración puesta en Contracciones en principio es, ante todo, de una gracia absurda, pero luego deja de serlo para transformarse en algo visceral, alienante y hasta cierto punto desagradable hasta el vómito (textualmente) para la subordinada.

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Argumento según El Comercio:

A Emma le va muy bien en su nuevo trabajo. Sus cifras de ventas cada vez son mejores, pero ha estado viéndose con su colega, Darren. Ella piensa que está enamorada. Su jefa piensa que está incurriendo en incumplimiento de contrato.

Este es el inicio de una serie de reuniones que Emma (Fiorella Pennano) tiene en la oficina de la Gerente (Sandra Bernasconi) dentro una corporación multinacional que monitorea rigurosamente el desempeño de sus trabajadores, y donde los límites de la privacidad y la tolerancia serán puestos a prueba.

En estos días, su estreno ha coincidido con una fuerte corriente de opinión publica acerca de las mujeres y la violencia ejercida contra ella. Y sin embargo, ocurre espacial y quizá temporalmente lejos de esta periferia, en la Inglaterra del Brexit, Bartlett pone el acento precisamente en lo femenino. En la maternidad y en las relaciones de pareja, para someter a la crueldad corporativa a una empleada.

El espacio es esencial aquí.

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Nuevamente como en el caso de La doncella y la muerte se presta a las pequeñas dimensiones del teatro.

No existe vida privada ni interna (como sí ocurre en la novelística; el drama es solo actos, realidad palmaria de gestos y movimiento de las manos). La vida es una oficina. La vida es entrar a una oficina-consultorio-comisaría. La vida es un diálogo-interrogatorio ante una jefa. Un mundo femenino enclaustrado e invasivo. Y si en principio es cómico-absurdo que quien lidera la oficina de RRHH le pregunte a una empleada con quién sale dentro del trabajo, si flirtea, cómo besa, qué tal estuvo el sexo, etc., y luego contrato en mano, declare que si la empleada continúa con la relación a condición de perder el trabajo, si ésta decide convertirse en madre, o si la compañía sabe incluso antes que ella si está embarazada… Cabe preguntarse, ¿es esto realmente solo una exageración? ¿O es un símbolo?

En la gran era de la Libertad.

Es evidente que las cláusulas sobre con quién decidimos conversar, fliltear, llegar a coquetear, entablar una relación más física, etc., no están descritas en ningún trabajo de Occidente (creo). Y, sin embargo, deformar y exagerar algo quizá nos lleve a otra vía de cuestionamiento acerca de los límites de lo público y lo privado hoy en día. Pues la elaboración del intreccio nos sugiere efectivamente una suerte de dictadura corporativa, laboral. Un lugar y espacio repetitivo donde una voz, una presencia, nos conmina a revelarnos y lo que es peor, una suerte de diálogo reiterativo parece solo cerciorar lo que ya “conoce” acerca de nuestra más íntima individualidad. Nostro intimo atteggiamento.  Y lo que es más visceral aún (así como esa suerte de vómito a lo Fight Club de la Pennano) cuyo objetivo final es hacernos robotisadamente felices, uniformes, homogéneos.

No es casual que se trate de autor británico. Los finales (si pienso en la novelas inglesas clásicas) corroboran la clasificación y son significativos.

Una obra de teatro británica con música británica.

El final es la pérdida de la identidad por la homogenización.

Varias de las canciones que abren y cierran los cada vez más forzados diálogos entre empleador-gran hermana-psicoanalista provienen del Hail to the thief de Radiohead. Copio aquí una somera explicación del trasfondo del disco:

Many of the album’s lyrics were written in response to the War on Terror and the resurgence of right-wing politics in the Western part of the world after the turn of the millennium. Songwriter and vocalist Thom Yorke said the album expresses “frustration and powerlessness and anger, and the huge gap between the people that put themselves in control and the people that allegedly voted for them”.

Quizá no es hemos distraído un poco en los últimos años. Como rezan las canciones de apertura de los discos de aquellos años de Thom Yorke y compañía: 2+2=5 y 15 steps. debo decir que me tomó desprevenido ese inicio en la sala. Retumbó 2+2=5. Y la voz llena de queja de Yorke: Are you such a dreamer /To put the world to rights/ I’ll stay home forever/
Where two and two always makes a five. Y luego cada entrada de la Pennano frente a Bernasconi, era el reiterado martillazo: How come I end up where I started? /How come I end up where I went wrong? /Won’t take my eyes off the ball again.You reel me out then you cut the string.

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No hemos seguido el vaivén de la pelota.

¿Queremos seguir el vaivén de la pelota?

¿Estamos capacitados para seguir el vaivén de la pelota?

Y quienes lo han seguido y han visto su trazo sobre el césped, van a decidir seguir tomando atención o en su lugar contemplar otra cosa.

Comenzaron las risas ante lo ridículo de la posibilidad de que nuestra más recóndita intimidad fuera expurgada por una insólita corporación. ¡Una ridiculez! ¡Jum! que una suerte de dominatrix-psicoanalista-gran hermana  sentada en el lugar más prominente frente a una puerta cuyo interior vedado, nosotros (los espectadores) no podíamos contemplar y de donde parecía guardar secretos biológicos: pelos, orina, vómito, en ese recinto se escondiera algo tan íntimo.

Un reflejo rojo.

Como si esa habitación cerrada, a puerta cerrada, reflejara el fuego de algo que se calcinara allí.

Entramos en el campo de lo suprarreal para que se nos revele otra cosa. Quizá el contenido de esa habitación roja donde, es posible, 2+2=5. Donde nadie puede distraernos de la pelota y el juego y solo cabe sentir las contracciones más íntimas de nuestra realidad circundante (pokemongo!).

Más que humor negro, creo que los espectadores salimos inquietos.

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Acerca de Franco Cavagnaro Farfán

Novelista. He escrito la novela Huaquero http://bit.ly/1Y0CSxt y Me he puesto el traje aquel http://bit.ly/1Q2IpU3 Ambas ficciones forman mi Díptico del pasado.
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