Sobre efigies, bustos y nombres de avenidas 2

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En el capítulo 2 del libro Historia de la corrupción en el Perú se muestran las bases de la fundación de la República. Entre el fracaso de las reformas borbónicas en el epílogo de la Colonia y los acomodos en el nuevo orden republicano donde, como bien apunta el autor, Alfonso W. Quiroz, el fraude y el contrabando proliferaban sin control.

A grosso modo, y de forma muy sintética, el autor expresa: “Bolívar y su fiel mariscal Antonio José de Sucre formaron a la primera generación de caudillos militares andinos en el arte del financiamiento abusivo de las fuerzas armadas”.

Existe una larga lista de militares caudillos que según Quiroz son “los ápices de redes de patronazgo, surgidas a medida que las viejas instituciones colapsaban y las nuevas se atrofiaban o debilitaban al nacer. Los altos oficiales militares Andrés de Santa Cruz, Agustín Gamarra, Antonio Gutiérrez de la Fuente, Ramón Castilla y José Rufino Echenique… reprodujeron en gran medida y en miniaturas inconexas, las redes de patronazgo antes encabezadas por el virrey y otros oficiales reales”. A ellos se sumaban “los pequeños grupos de capitalistas peruanos, quienes formaban parte de estas redes de patronazgo que se beneficiaban de favores oficiales a cambio de apoyo político y financiero que prestaban a los caudillos”.

Esto es más o menos sabido e intuido. Lo novedoso para el sentido común es la idea que por aquellos años se tenía de la clase dirigente en el Perú. Un elaborado informe preparado por el cónsul general inglés, reflexionaba acerca de los intereses que yacían detrás de la formidable oposición a la reforma radical de los antiguos abusos y de la resistencia que había en el Perú al orden y al método. Para estas autoridades externas “la moralidad de la administración peruana era inferior a la de cualquier otra nación hispanoamericana”: “Los peruanos pueden verdaderamente ser considerados como los napolitanos, y los mexicanos como los rusos de América”.

Mucho más radical, según Albert Jewett, encargado de negocios de EEUU en Lima, “el general Castilla era un hombre sumamente ignorante y su gabinete estaba conformado por ladrones audaces y sin escrúpulos del erario público, que no permitirán que un dólar del dinero del Estado sea desviado del uso de ellos mismos y sus amigos, salvo lo que pueda ser necesario para fines de soborno.”

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Foto tomada el 2014 en Barranco. Por las mismas fechas una estatua de Castilla estuvo derruida en el Centro de Lima.

Es por eso que “las oportunidades eran escasas para los negociantes honrados y competitivos, debido a los turbios tratos entre caudillos y capitalistas parasitarios”. Quiroz es muy puntual al referirnos (como una tenue esperanza) a personajes históricos que quisieron reformar este escenario de corrupción desmedida. El ejemplo es Domingo Elías, quien “abrazó las reformas civiles liberales que chocaban con las tradiciones e intereses corruptos y autoritarios… Desafortunadamente, estos reformadores civiles y los que luego siguieron sus pasos fueron vencidos e impedidos de alcanzar sus objetivos por recalcitrantes intereses creados, firmemente ligados a la naciente burocracia estatal, el despotismo militar y la administración corrupta de los recursos proporcionados por la comercialización del guano”.

Quiroz pasa revista a los gobiernos de Gamarra, Echenique y otros. No queda sin explicación el tema de la consolidación de la deuda durante el gobierno de Echenique, según argumentaba “los fondos de la consolidación habían creado una clase capitalista nacional“.

Ojo con esto.

LA MAZORCA

Por estos años es cuando surge una camarilla subterránea denominada como mazorqueros, quienes se habían beneficiado de la consolidación.

Las primeras redes de patronazgo de los caudillos militares, dependientes de la rapiña y las inconstantes finanzas de emergencia y guerra, se transformaron gracias a los ingresos del guano en redes más sofisticadas, que audazmente abusaban de los medios financieros públicos a gran escala y coordinación nunca antes vistos.

Quiroz no se queda en el pasado, sino que expresa el presente y por qué no el futuro en la siguiente aseveración:

Los lazos existentes entre los principales jefes y figuras de estas redes, y sus relaciones generacionales brindan evidencias reveladoras del lado oscuro de la historia peruana y su legado de corrupción orgánica y sistemática.

Por eso llega a puntualizar con pruebas que la flexibilidad permitida a los diplomáticos peruanos mal pagados en asuntos financieros fue una tradición [por esos años] firmemente arraigada desde la década de 1820. Se suma a esto que el soborno de funcionarios claves por parte de compañías e inversionistas extranjeros, ansiosos por conseguir una ventaja monopólica sobre sus competidores, era una práctica claramente establecida para lograr contratos cada vez mayores de consignación del guano y obras públicas… Lo cual se convertiría con el tiempo en una onerosa tendencia.

Finalmente, sobe el poder del pasado en el actuar de las personas y las naciones, voy a citar a Roberto Miró Quesada, quien en 1983 expresaba lo que abajo cito, y que desearía extrapolaran a nuestra realidad actual. sí, esta realidad de elecciones y pantomimas, acomodos.  Y soliciten conmigo los nuevos valores que el Perú requiere (como amado país que es) y un nuevo tipo de dirigencia que esté obligada a aparecer ahora:

El ordenamiento legal del país [en el siglo XIX] muestra muy bien la realidad que pretende legislar: un país no definido, con una minoría foránea distinta y hasta opuesta a la gran mayoría de la población; un ordenamiento legal que no es enteramente conservador ni enteramente liberal, y que en última instancia no tiene mucho que ver con la realidad que pretende ordenar. Es decir una ficción (…) Uno de los temas centrales de las discusiones entre liberales y conservadores era el concerniente al indio. Para los conservadores el nuevo Perú debía construirse a partir del legado español. Para los liberales el nuevo Perú debía construirse teniendo a las ideas de la Revolución Francesa como guía. Si bien los liberales defendían los derechos indígenas, esta defensa era sobre todo paternalista y lírica. Al igual que los co0nservadores, los liberales no pretendían una revalorización del legado cultural indígena sino tan solo que las leyes conservadoras no agudizaran la explotación de la población indígena”.

 

 

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Acerca de Franco Cavagnaro Farfán

Novelista. He escrito la novela Huaquero http://bit.ly/1Y0CSxt y Me he puesto el traje aquel http://bit.ly/1Q2IpU3 Ambas ficciones forman mi Díptico del pasado.
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