Tu lado irracional: Camanchaca

camanchaca-diego-zc3bac3b1igaCamanchaca es breve.

Es una novela formalmente rara.

Original.

Y como dice el epígrafe de Richard Ford, pareciera que no hay mucho que decir.

-Ahí tienes: una historia de familia –dijo Bobby.
-La historia de todo el mundo –respondí-. La historia de siempre.

Camanchaca explota de forma singular su brevedad, su forma de ser directa, describe de modo superficial sus acciones.

Prosaica y millenian.

Y todo lo no dicho es lo que la hace poderosa.

Formalmente es un contrapunto entre el pasado solitario-edípico del protagonista con su madre y el presente agorafóbico de la nueva familia que su padre tiene con su nueva esposa y su nuevo hijo.

Entre el pasado de encierro y sonambulismo junto a la madre que reclama a su hijo le reclame a su padre le dé la ropa de marca que necesita, y la nueva familia que parece burlarse de él.

Es un presente centrado en unir Buenos Aires y Tacna, a través de Santiago e Iquique, viajando a través del desierto nebuloso, que va revelando el absurdo y el desarraigo, y despierta las coordenadas oníricas de su protagonista.

Es un presente provinciano, desvalido económicamente en una Iquique de pirañitas (pungas) que masacran si no te sabes esconder, una Iquique desconectada de Santiago, amenazada por terremotos y tsunamis.

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Un presente de secretos familiares: camanchaca.

Un presente escondido: camanchaca.

El crimen intencional o no detrás de la camanchaca.

La camanchaca bordeando nuestro viaje a través del desierto infinito.

Quiero contarle a mi papá lo que pasó con mi mamá. Ahora me habla de los autos, me dice que los peruanos no saben comprar vehículos, que no tienen clase. Me dice eso y pienso en su BMW 850i. En su Honda Accord… Él sigue hablando del mal gusto de los peruanos… Ahora me habla de las carreteras peruanas, de cómo conducen los peruanos… En el desierto no hay personas. Todo está oscuro… Mi papá no alcanza a frenar… El bulto en mitad de la carretera. Mi papá me mira, coloca su mano en mi muslo y me dice tranquilo. Pone reversa. Mueve el volante, lo esquiva y acelera. Es la camanchaca dice mi papá. Él conduce a 140 kilómetros por hora. Cierro los ojos. Y los veo en la carreta, ahí tendidos en la carretera. Los cuerpos. Niños y viejos. En mitad de la carretera. Los veo en mitad del desierto, y mi papá los esquiva, acelera y los esquiva.

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Acerca de Franco Cavagnaro Farfán

Novelista. He escrito la novela Huaquero http://bit.ly/1Y0CSxt y Me he puesto el traje aquel http://bit.ly/1Q2IpU3 Ambas ficciones forman mi Díptico del pasado.
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