¡Alzaos esclavos, y haced temblar al déspota extranjero!

Jack-Kerouac

Jack Kerouac

Caminar, viajar, escalar.

El esfuerzo físico como iluminación.

En un territorio inmenso como Norteamérica, el sueño de la libertad absoluta en la represiva sociedad de finales de los cincuenta, hizo parir estas novelas y, sobre todo, a estos hombres que ansiaban la libertad como Kerouac.

Ansiaban el zen y un orientalismo lleno de trascendencia. Tomaban como pretexto su incapacidad de adaptarse para profundizar en la filosofía china, pero no se quedaban en el mero vagabundeo intelectual, sino que se armaban de valor y tomaban por asalto la naturaleza y la ciudad para conquistar a la montaña.

Sí, el esfuerzo físico como iluminación.

¿Cómo ascender una montaña?

No hay que pensar. Hay que limitarse a bailar. Es la cosa más fácil del mundo. De hecho más fácil que caminar por terreno llano, que resulta tan monótono. Se presentan pequeños problemas a cada paso y, sin embargo, nunca dudas y te encuentras de repente encima de otra piedra que has elegido sin ningún motivo especial, justo como en el zen.

Quería hacerme con un equipo completo, con todo lo necesario para dormir, abrigarme, cocinar, comer, es decir, con una cocina y un dormitorio portátiles, y largarme a alguna parte y encontrar la soledad perfecta y contemplar el vacío perfecto de mi mente y ser completamente neutral con respecto a todas y cada una de mis ideas. También quería rezar, dedicarme solo a eso; rezar por todas las criaturas vivas; consideraba que ésa era la única actividad decente que quedaba en el mundo. Estar en alguna apartada orilla, o en el desierto, o en la montaña, o en una cabaña de México o de Adirondack, y descansar o estar tranquilo y no hacer nada más; practicar lo que los chinos llaman “hacer nada”.

La iluminación en estos términos también implica descubrir el vacío, con la guía de santos budistas como Avalokitesvara o Sakayamuni, para quien Toda vida es dolor.

Y al mismo tiempo la novela es clara en su toponimia llena de significación.

El llano vs. La montaña

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Diarios de motocicleta… Perdón On the road, en lugar del Che: Kerouac

El llano, la monotonía. Ascender a la montaña: una suerte de búsqueda superior que también guía la narración de la novela. En la cúspide de esa montaña, Smith buscará la supresión del dolor. Su recorrido (el del alter ego de Jack Kerouac) lleva la marca del llano, de la vida social que Smith desprecia por estar fundada en el error y, por otro lado, su ascensión hacia el espíritu.

O tiende hacia lo superior o se pierde en el horizonte del vagabundeo.

Precisamente la novela se abre con el viaje a casa en un tren y cierra ese inicio con el primer ascenso hacia lo superior junto a su gran amigo Japhy, una suerte de guía espiritual, y termina en otro ascenso, esta vez junto a un guardabosques llamado Happy (nótese la similitud).

Japhy

Snyder, más conocido como Japhy, con su chalequito del Himalaya

En ambos casos el ascenso hasta la cúspide no es posible. La cúspide le es esquiva a Smith.

Los Vagabundos del Dharma (1958) comparte cierta tradición de novelas sobre aprendices y pedagogos en la montaña. Es ésta una suerte de Montaña Mágica post segunda guerra mundial, sin escolástica ni represión alemana (y sin Thomas Mann, cómo no). Y sin embargo comparten diferencias importantes: los personajes principales de Mann son jóvenes enfermos en un sanatorio. Aquí en cambio encontramos un vigor físico y espiritual que sobrepasa a Castorp. La sociedad americana de posguerra y la sociedad alemana de entreguerras de Mann se presentan a los ojos de sus héroes y del narrador omnisciente como sociedades enfermas y decadentes.

En palabras de Smith:

las universidades no son más que lugares donde está una clase media sin ninguna personalidad, que normalmente encuentra su expresión más perfecta en los alrededores de los campus con sus hileras de gente acomodada con césped y aparatos de televisión en todas las habitaciones y todos mirando las mismas cosas y pensando lo mismo al mismo tiempo, mientras los Japhys del mundo merodean por la espesura para oír la voz de esa espesura… para encontrar el oscuro misterio secreto del origen de esta miserable civilización sin expresión.  

[…]

Sí, para mí una montaña es un Buda. Piensa en su paciencia; cientos de miles de años inmóvil aquí en un perfecto silencio y como rezando por todos los seres vivos esperando que se terminen nuestras agitaciones y locuras.

[…]

Beats... A graphic history

Sí, Beats… A graphic history

Me acurruqué todavía más a la saliente y cerré los ojos y pensé: “¡Maldita vida esta! ¿Por qué tenemos que nacer y sólo por eso nuestra pobre carne queda sometida a unos horrores tan terribles como las enormes montañas y las rocas y los espacios abiertos?”, y recordé aterrorizado el famoso dicho zen: “Cuando llegues a la cumbre de una montaña, sigue subiendo”. Y se me pusieron los pelos de punta.

¡A seguir subiendo!

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Acerca de Franco Cavagnaro Farfán

Novelista. He escrito la novela Huaquero http://bit.ly/1Y0CSxt y Me he puesto el traje aquel http://bit.ly/1Q2IpU3 Ambas ficciones forman mi Díptico del pasado.
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