Una invocación velada a Cristo

la-infancia-de-jesus-593x600Dejemos por un momento el tema del tiempo y el espacio de La infancia de Jesús de J. M. Coetzee. Que sea o no una era postatómica, una distopía o una utopía.

Convengamos que el aprendizaje es el elemento primordial de la humanidad.

Convengamos además que siendo el aprendizaje ese elemento primordial, deba ser, por lo tanto, llevado a la ficción con cierta insistencia, digamos en el género literario por excelencia, la novela, en ese conflicto eterno entre el mundo y el perdurable YO.

Convengamos que el aprendizaje del lenguaje es el momento crucial de todos nosotros los seres humanos, en el presente o en el pasado y seguramente en el futuro.

En La infancia de Jesús, Simón y David, son los puntos centrales de esa tensión. Uno anciano, obligado a entrar a un nuevo orden social y lingüístico (la norma es el español), junto a un niño que busca a su madre, y que pronto ha de enfrentarse al dominio del lenguaje inicial, la lectura y la escritura. Y por ende el modo que por excelencia tiene el hombre para ordenar el universo per se y el universo interior.

Simón y David: ambos posicionados en dos momentos temporales y opuestos de la vida, dos personajes definidos por el aprendizaje.

Uno viejo, el otro niño.

En una suerte de mundo que es un hermano gemelo. En lugar de este mundo actual, tecnológico e hipercomunicado, gobernado por una memoria atosigante, gobernado despóticamente por el deseo, por uno más bien retrógrado y laboral, gobernado por la abulia, gobernado (por elección) por el olvido. De este modo, se entiende, que el hambre de alimento en David, y el hambre sexual en Simón, los constriña contra la insatisfacción.

Las preguntas, el cuestionamiento, el desamparo.

No es casual que Simón sea severamente aleccionado por Elena, quien sin ningún apetito sexual, accede a hacer el amor de modo insulso con él.

coetzee

A mi entender es una manera de pensar anticuada. La gente antes siempre pensaba que le faltaba algo. El nombre que has escogido darle a eso que te falta es “pasión”. Sin embargo, apostaría que si mañana te ofreciese toda la pasión que necesitas, pasión a carretadas, no tardarías en echar en falta alguna otra cosa. Esta insatisfacción constante, ese anhelo de algo que echas en falta, es una forma de pensar de la que, en mi opinión, nos hemos librado. No nos falta nada. Lo que tú crees echar en falta es una ilusión. Vives por una ilusión.

Convengamos además que (como todas las demás novelas de Coetzee) estamos ante una alegoría. El autor nos arrastra no al desarrollo de este mundo, sino de otro, con características opuestas, y nos dijera: mira lo que les pasa a estos dos seres ferozmente individuales, mira cómo sucumben también allí, porque su insatisfacción no tiene que ver con el mundo, sino con una individualidad que los oprime, los lleva de aquí para allá, sin preguntarles por qué. Estos individuos tienen hambre, su alma no los dejará reposar. Están insatisfechos, porque son individuos… De verdad.

Entonces me parece primordial que Simón y David, muestren esos conflictos en su aprendizaje. Y esa fricción que comienza con Simón por un lado se atenúa hasta desaparecer y trasladarse al niño. Esto ocurre al tratar de que los cambios no sean traumantes para él, David: su feroz e infantil individualidad creadora que le obliga a mostrarse disruptor y subversivo con el lenguaje (las palabras) y el universo (los números), y que a su vez tenga un correlato solipsista en su vida social. David parece albergar una individualidad divina y creativa. Sí, éste no es un Bildungsroman, éste es un Kunstlerroman. El futuro nuevo artista se enfrenta al lenguaje. Debe maniobrarlo, debe trabajarlo, fajarse en él y luego intentar representar el mundo con esas imperfectas herramientas. No hay que ser injustos y comparar este Kunstlerroman con aquellos Kunstlerroman peruanos. Pero allí está el parangón, el paradigma. David se quiere empoderar en el lenguaje como Humberto Grieve en Paco Yunque, como Dedalus en Retrato del artista adolescente o como Ximena en la novela de Riesco, seres que también están en la etapa de aprendizaje del lenguaje.

Ante su lenguaje único, arbitrario e individual, que es el lenguaje inventado por David, Simón alarmado trata de corregirlo:

La finalidad de los mensajes es que sepan leerlos los demás. Si te pierdes y envías un mensaje al señor Paloma para que vaya a salvarte, tiene que saber leerlo…

David pregunta entonces:

-¿Por qué soy excepcional?

–No eres quién para preguntártelo. Sencillamente lo eres, y tendrás que vivir con ello. A veces te facilitará la vida y otras te la hará más difícil.

Sobre el talento artístico con el lenguaje de David, el profesor León dice:

Sabe recitar cualquier número, sí, pero no en el orden correcto. En cuanto a las marcas que hace con el lápiz, puede que a usted le parezcan una escritura, y a él también, pero no es una escritura convencional. No soy quien para juzgar si para él tiene algún significado. Es posible que sí. Tal vez indiquen un talento artístico. Lo que hace aún más necesario que lo vea un especialista… Un especialista podría decirnos si hay algún factor común detrás del déficit, por un lado, y de su creatividad por el otro.

En principio es Simón quien cree que debe salvar a David de su solipsismo lingüístico:

La respuesta a todos tus porqués, pasados, presentes y futuros es: “Porque el mundo es así”. El mundo no se hizo para nuestra comodidad, mi joven amigo. Somos nosotros quienes debemos adaptarnos a él. 

Pero luego, al final, Simón empieza a sospechar que deben seguir la irracionalidad creativa de David:

Pero ¿y si somos nosotros quienes nos equivocamos y él tiene razón? ¿Y si entre el uno y el dos no hay ningún puente, sino solo un espacio vacío? ¿Y si nosotros, que damos el paso con tanta confianza, en realidad estamos cayendo por el espacio, pero no lo sabemos porque nos negamos a quitarnos la venda de los ojos?

Las opciones son dos para ambos: ceder o arriesgarse a una nueva vida indefinible. Si Simón está en condiciones de mantener su propia individualidad es algo que quien enfrente el libro deberá descubrir. O Simón cede por el niño. O Simón se enfrenta al niño para hacerlo entrar en razón y deja que su corazón ceda o Simón se deja seducir por la capacidad fabuladora de David y entonces se somete a descubrir algo más en otro lugar, en otro tiempo, con otros valores que David trae desde su mundo irracional.

¿Cuál es entonces la infancia de Jesús? ¿Dónde está Jesús en esta historia? Jesús sería precisamente la creación de un nuevo mundo, en una nueva vida, con otros valores, con otro pensamiento. ¿Es posible arriesgarlo todo por esa nueva vida? ¿Es ésta una invocación velada al Cristo? Que el lector decida.

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Acerca de Franco Cavagnaro Farfán

Novelista. He escrito la novela Huaquero http://bit.ly/1Y0CSxt y Me he puesto el traje aquel http://bit.ly/1Q2IpU3 Ambas ficciones forman mi Díptico del pasado.
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