Borges City

borges-laberinto1. Oblivion nos lleva a acometer y fatigar la vasta ciudad Borges. Menos por una relectura que por el deseo de revivir teólogos, compadritos y heresiarcas.

Pensábamos en la Sociedad Funes.

Pensemos en Funes el memorioso (1942).

La primera vez que me detuve frente a la ciudad tenía apenas 14 años. Se me ha olvidado ya qué cuento de Ficciones se me pidió leer, pero como había aprendido a leer en soledad, sabía que todo libro se busca por su primera página, soslayé el Prólogo de 1941, pero literalmente quedé afiebrado, aterrorizado y poseído por Tlon, Uqbar Orbis Tertius. Cómo había acontecido algo así, cómo se podía seguir viviendo de igual modo después de saber.

Había penetrado sin comprenderlo del todo, torpemente, pero intuyendo deslumbrado, la Ciudad de los Inmortales.

Un epígrafe está escrito en el dintel:

Solomon saith: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had an imagination, that all knowledge was but remembrance; so Solomon given his sentence, that all novelty is but oblivion.

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2. Hay tres cosas que me sorprenden ahora cuando pienso en Borges. La primera es que sus cuentos más importantes los escribió entre 1930 y 1942. Para 1961 cuando salta a la fama luego de ganar el premio Fomentor, con 60 años cumplidos, “había perdido fuerza creativa” y empezaba a “no gustarle” lo que había escrito en esos años, calificando esos cuentos de barrocos (Coetzee dixit).

La segunda: esa obsesión por la idea de que un universo ideal absorbe a otro universo real, y la posterior idea de que este universo del que formamos parte es con toda probabilidad un simulacro, tal vez el simulacro de otros simulacros que se remontan hasta el infinito, como en una galería de espejos… Borges siente con pasión el gnosticismo -la idea de que el Dios último está más allá del bien y del mal y, por tanto, se encuentra infinitamente lejos de su creación– pero la idea del miedo que informa (o deforma) su obra posee una base más metafísica que religiosa.

La tercera: resulta sorprendente que las lecturas de un escritor con reputación de vanguardista no se remontaran a fechas posteriores a 1920. Aún más sorprendente que fueran escritos antes y durante la Segunda Guerra Mundial y que el cuento que aquí citamos se refiere más bien a finales del siglo XIX. Con lo cual Borges, coloca las cosas en su lugar para los ingenuos que creen en la novedad.

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En una entrevista de los años 60, época que ya esbozamos para él, cuando según Coetzee, Borges se había vuelto un “parlanchín” :P, declara sobre Tlon, Uqbar:

Tlon explora la consternación de un narrador que siente que su mundo cotidiano, su pasado, y el de sus antepasados, se le escapa de las manos. Así pues , el tema oculto del relato es el de “un hombre que naufraga en un mundo nuevo y abrumador que no logra descifrar“.

Volvamos al Oblivion y la Sociedad Funes.

Ireneo Funes, un muchacho no instruido del campo, está poseído por una memoria infinita. Nada se le escapa: su mente conserva toda la experiencia sensorial del pasado y el presente. Ahogado por los detalles, incapaz de olvidar ni siquiera las cambiantes formaciones de las nubes que ha visto, no puede formarse ideas generales y, por tanto, paradójicamente para una criatura que es casi mente pura, no puede pensar.

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¿Son solamente éstas las consecuencias de la memoria infinita?

La primera prueba que al narrador le es revelada cuando entra a la estancia de Funes sobre su prodigiosa memoria es escucharlo recitar en latín (recuérdese Lays of the ancient Rome) “el primer vigesimo cuarto capítulo del libro séptimo de la Naturalis historia. La materia de ese capítulo es la memoria; las palabras últimas fueron ut nihil non iisdem verbis redderetur auditum“.

El dilema de Funes sería éste:

Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también la memorias más antiguas y más triviales… Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles […] Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: Mis sueños son como la vigilia de ustedes. Y también, hacia el alba: Mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras.

Sospecho, sin embargo que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.  

Si abstraemos y hallamos diferencias con la Gran Memoria Artificial, el almacenaje informativo, ¿permite la movilidad o lleva a la parálisis creativa? ¿Nos deja enclavados en el presente que siempre es efímero o nos permite pensar en el futuro o es un futuro falsificado e industrial? ¿Existe realmente la racionalización de la llamada DATA o es un engaño paralizado dentro de un presente encapsulado?

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Acerca de Franco Cavagnaro Farfán

Novelista. He escrito la novela Huaquero http://bit.ly/1Y0CSxt y Me he puesto el traje aquel http://bit.ly/1Q2IpU3 Ambas ficciones forman mi Díptico del pasado.
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