¡Arde Troya!, Brucia Troia!

veronesi_0Un orfanato (il befrotrofio dei Cherubini) en la cima de una colina y una misión religiosa (Pia Missione di Maria Assunta in Cielo) bajo el servicio de cinco monjas, regentadas por un sacerdote místico que inicia un culto alucinante a la Virgen María (Madonna che Sorge dal Terreno).

Una barriada (Il Cantiere) que florece también al pie de la misma colina, una suerte de lunar de pobreza inmerso en el despegue económico de la Italia de los años 70, repleto de toda clase de seres marginales: ladrones, prostitutas, inmigrantes, italianos pobres.

Y sin embargo ambos espacios se comunican, se alimentan, interactúan, al aparente margen de la sociedad, que sigue su desarrollo industrial.

Es éste a grandes rasgos el argumento de Brucia Troia (2007) de Sandro Veronesi, escritor italiano, ganador del Premio Strega con su novela Caos Calmo (2005). La novela tiene dos frases que me dejaron fascinado cuando las leí en la contracara. Son dos frases de la novela:

(1) E per distruggere una fabbrica, per distruggere qualsiasi cosa, il modo migliore era il fuoco, perché una volta acceso faceva tutto da solo.

(2) Non solo il progresso era arrivato, ma aveva intestini che funzionavano regolarmente.

Y también dos epígrafes (Dante y Lucas) que me han atraído como imanes:

(3) perché non dentro dalla cittá roggia/ sono ei puniti, se Dio li ha in ira?/ e se non li ha, perché sono a tal foggia? (Inferno XI, 73-75)

(4) Sono venuto a portare il fuoco sulla terra; e come vorrei che fosse giá acceso! (Luca, 12-49)

Neorrealismo italiano delle due mille 

Sandro_Veronesi_2010_mt

Estamos ante una novela dual. Básicamente un contrapunto de dos personajes fascinantes, que al mismo tiempo vienen de dos mundos que al parecer se oponen, pero que dentro de la ficción de Veronesi se comunican y coviven.

Por un lado está Padre Spartaco y por el otro el Pampa, un joven que huye de casa y entra en los bajos fondos del Cantiere, donde ganar dinero es transar con los dueños de las fábricas para quemar la producción que no llega a vender. Un entripado entre las aseguradoras y los dueños. De ese modo no pierde su inversión. El modo preferido que tiene el capitalismo de regular su digestión. El cuerpo social tiene intestinos para desechar lo que ya no sirve. Es bueno recordar mi punto 2:

Fu accettato, ma solo come il pezzo imposto dallo sviluppo, perché ogni vera cittá moderna aveva la sua teppaglia. In fondo, il Cantiere era la prova che il resto della cittá stava crescendo bene: la paura d’essere scippati implicava soldi dentro la borsetta, lo schifo per i topi che saettavano nella piazzola significava marciapiedi puliti dove si abitava, pochi analfabeti facevano risaltare l’istruzione dei piú. Era la formula della richezza: “pochi poveri ma molti poveri”. Non solo il progresso era arrivato, ma aveva intestini che funzionavano regolarmente.  

Eccoloquá. Hermoso porque Veronesi habla del sviluppo capitalista italiano de fines de los 70, pero también parece hablar, del Perú de ahora. El cuerpo social también defeca. Los intestinos también deben funcionar.

El autor revela también la simulación, el fingimiento o como mejor lo diría Dante, el fraude de nuestra sociedad. El supuesto boom económico no es más que una creación que tan pronto como es creada, también es destruida. Los excesos de la producción. El bruciamento. La chispa que inicia la destrucción que sirve para crear otra producción más y a pesar de destruir salir igual ganando. Y sus gérmenes y gusanos son el lumpen del Cantiere, que al mismo tiempo es producto de su propio desarrollo.

Non gli era chiaro come facessero quei padroni a guadagnarci, quando li pagavano per incendiare le loro fabbriche. Duró parecchio a non capacitarsi di come stessero le cose in quella cittá: uno s’indebitava per costruirsi un capannone, lo riempiva si stracci, e se poi non riusciva a venderli pagava lui e Miccina perché gli dessero fuoco. Non sembrava conveniente.  

[…]

E per distruggere una fabbrica, per distruggere qualsiasi cosa, il modo migliore era il fuoco, perché una volta acceso faceva tutto da solo.

Madonna che Sorge dal Terreno

Pero dentro de Brucia Troia, el nuevo culto que ha creado padre Spartaco también es otro tipo de simulación. Una simulación consciente de Spartaco, quien parece ser un representante de la gran tradición católica europea y mística, base de la unidad occidental. El Dios de Spartaco es el Dios castigador.

Padre Spartaco si trovó a ripetere quell’operazione che aveva compiuto tante volte, e che solo Maria Vergine con il suo esempio gli dava ogni volta la forza di sopportare. Perché era sempre doloroso punire un bambino. Anche in Africa, anche con i selvaggi, per riuscire a farlo, quando doveva, aveva sempre avuto bisogno di quell’esempio celeste. Maria che lascia soffrire Cristo sulla croce.

[…]

Gesú é un fatto compiuto -diceva- E anche Maria é un fatto compiuto… La privazione, i diugni, il dolore fisico erano le vie indicate da Cristo per la salvezza del mondo: lo sarebbero state anche per ottenere la sua assoluzione.

[…]

Severitá, nessuno voleva ricordare la formidabile severitá di Dio –il Diluvio Universale!-, nessuno ricordava le sue terribile punizioni -il Mar Rosso che spelisce gli Egiziani-, nessuno ricordavano que esistevano peccati irredimibili senza un castigo… al suo corpo corrotto sarebbero state inflitte sofferenze e patimenti prolungati, e solo allora, dopo il dolore, il perdono sarebbe stato concesso, e rimesso l’atroce peccato.

La misión de Spartaco no queda en el castigo ni el padecimiento. Spartaco sufre un cambio debido a la huida del primero de sus huérfanos. Y cree que debe atraer de otro modo a su feligresía, a esa lejana franja de seres que huyen de la religiosidad. Para ello inicia un nuevo culto, no usa para ello el mármol y el clasicismo renacentista, sino que con los desechos de la ciudad (plástico, fuegos artificiales, alambres, circuitos eléctricos, que compra en el Cantiere, y que quizá sean robados) construye una suerte de obra de arte vanguardista muy a tono con el desarrollo de la ciudad.

Se Marco avesse dovuto rendere conto di ogni versetto del suo Vangelo mentre ancora li scriveva, non avrebbe combinato nulla: la vera forza stava nel lavorare in silenzio e offrire agli uomini, all’improvviso, qualcosa che non potesse essere discusso. La legge era una sola, e se non bastava piú leggerla nei Vangeli, lui l’avrebbe incarnata, dipinta, resa visibile, per strappare gli uomini dal dubbio.

El nuevo culto que padre Spartaco “encarna”, “hace visible”, es un elemento significativo dentro de la ficción. A sus enseñanzas místicas, no renuncia. Se convierte en un vehículo de comunión más. Como si el capitalismo con su poder persuasivo, que antes le daba la oratoria, ahora le otorgara poderosas imágenes para seducir, y todos esos símbolos le dieran a la nueva Iglesia una herramienta más de difusión de su milenario mensaje.

Poco importava che tutto fosse frutto di un’ispirata simulazione: nei suoi fedeli padre Spartaco insisteva a infondere una sofisticata consapevolezza che rendesse possibile quell’incanto: lui non era un santo, ma raprresentava la santitá, illustrando le meraviglie dell’onnipotenza a chi aveva lontano dai luoghi privilegiati ove essa si mostrava veramente. Ció che contava era la commozione generale, e l’ammirazione del sacro, che la macchinazioni di padre Spartaco sapevano cosí bene simulare.

[…]

Erano solo una simulazione. Adorando quelli finti si sarebbe reso omaggio a quelli veri, e se gli uni cigolavano un poco mentre gli altri erano certamente perfetti e silenziosi ció andava a tutto merito della loro umiltá, perché alla fine, sprofondati nel pozo della fede, tra il vero e il finto non c’era piú nessuna differenza.

Una geografía dantiana

La comprensión de la geografía dentro de la novela, entre el befrotrofio dei Cherubini y la Pia Missione di Maria Assunta in Cielo, y el infierno de Il Cantiere revela también la ambigüedad dentro de la novela de Veronesi. Una suerte de vecindad entre el Cielo y el Infierno. ¿Qué tan celeste es el cielo y que tan rojo es el Infierno? Porque en la novela de Veronesi, hay un elemento ambiguo que no deja de sobresaltar e incomodar. Nada parece ser lo que es. Solo la destrucción es lo que es. Solo el fuego es el que otorga veracidad a las cosas. En la colina purgatorial donde en su parte superior Veronesi sitúa a padre Spartaco y la misión con sus huérfanos (como una suerte de Paraíso Terrenal) se le opone Il Cantiere en la parte inferior (donde la sociedad de consumo desecha todo lo que no sirve).

danteinferno

Sobre el epígrafe dantiano que inicia la novela me trato de aclarar. El Canto XI se sitúa todavía en el sexto círculo, el de los heresiarcas. Me quedan grandes dudas sobre la personalidad de Spartaco a la luz de este hallazgo. A quien se vislumbra en ese canto es al papa Anastasio II, quien purga condena en ese círculo por ese mismo pecado.

Por otro lado, la gente de la que habla el verso que cita Veronesi, se refiere a la de los círculos más cercanos al círculo más profundo del infierno. Aquellos que están dentro de la Ciudad de Dite: (VII) el círculo de la violencia, (VIII) el círculo de la malicia y (IX) el círculo de la traición.

El Canto XI viene a ser una suerte de resumen/análisis de por qué unos están dentro y fuera de la Ciudad de Dite. Es claro que Dante se muestra más benevolente con los que están fuera, cuyos pecados son individuales (II-VI). Mientras a quienes están dentro de Dite, y cuyos pecados son colectivos, pecados sociales, les reserva los peores castigos en la ciudad maldita. Contra ellos Dante Alighieri desata toda su ira pasional.

Violentos, fraudulentos y traidores.

Mi pregunta es ¿quién en la ficción de Veronesi está dentro de Dite y quién fuera?

Por otro lado, tenemos a Lucas, el evangelista. De este epígrafe se sirve el autor para hablarnos del Pampa, el pirómano y el amante de un homosexual, Morgante, quien en verdad es el primer huérfano de il befrotrofio dei Cherubini, Salvatore, luego llamado Morgante, quien a su vez antes fue seducido por Miccina. En un versículo que leído todo el capítulo de Lucas (Estén preparados), me dejó de igual modo efervescente, dice:

He venido a traer fuego a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Pero también he de recibir un bautismo y ¡qué angustia siento hasta que no se haya cumplido! ¿Creen ustedes que he venido para establecer la paz en la tierra? Les digo que no: más bien he venido a traer división. Pues de ahora en adelante hasta en una casa de cinco personas habrá división: tres contra dos y dos contra tres. El padre estará contra del hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

Si pensamos en el inicio de la novela y su fin me queda la duda sobre la intención del autor. Realmente, una duda punzante. ¿Es el padre Spartaco un ser ambigüo? ¿Es una suerte de vicario de la Iglesia en la ficción? ¿Cual es el entuerto, el engaño y a qué Troia amurallada es ingresado para que arda? ¿Cuál sería el destino de la Iglesia Católica a la luz de la novela de Veronesi? ¿Cuánta relación tiene esta trama con la crisis general dentro de la Iglesia Católica? O para Veronesi no hay dudas ya y las frases del narrador sobre el destino de la Misión y su ruina después del incendio resuenan:

E c’era qualcosa di veramente eroico, e tenero, e triste, nella resistenza che continuaba a oporre alla propia rovina, simile alla tenacia con cui certi vecchi si rifiutano di morire, col risultato, alla fine, che avranno vissuto molto piú di quanto verrano ricordati.

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Acerca de Franco Cavagnaro Farfán

Novelista. He escrito la novela Huaquero http://bit.ly/1Y0CSxt y Me he puesto el traje aquel http://bit.ly/1Q2IpU3 Ambas ficciones forman mi Díptico del pasado.
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