Voglio far miracoli!

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Pienso en Laura Beatrice di Collini.

Pienso en su belleza frente a la monstruosidad.

Y ni siquiera es ésta una belleza cualquiera, sino que es una belleza renacentista, una belleza que se opone a las deformidades de un enano, la sucia lengua de un enano hereje.

No es la primera vez, sin embargo, que encuentro esta dualidad expuesta de tal modo. Así que pienso que no hay mejor época que el Renacimiento para explorar las contradicciones extremas.

¿Qué oscuro y secreto magnetismo retenía allí a aquella gente, en qué repugnantes y lujuriosos afanes se sostenía su total sumisión a aquel monstruoso espectáculo? Tal es la tragedia de los seres humanos: todos somos anfibios, moviéndonos unas veces en los éteres del cielo y otras en el repulsivo fango de la tierra, suspendidos entre el paraíso y el infierno, ángeles y diablos. Cuanto más empeño ponemos en alzarnos al reino de las estrellas, más resbalamos y caemos en el esperma bestial, los mocos, la podredumbre, los excrementos de aquí abajo; y las manos que se juntan en oración son las mismas que golpean a un niño indefenso. ¡Si pudiéramos librarnos de la contradicción!  (Memorias de un enano gnóstico)

Es precisamente en el carácter dual que tiene el ser humano y la cultura renacentista donde el Estado como obra de arte, y el Papado como estrategia política, se oponen a la espiritualidad de la Iglesia y el legado de Cristo. Por ejemplo, ante las intrigas de los Medici, León X alcanza el papado: el hijo de Lorenzo el Magnífico.

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Dicotomías. Es el Renacimiento, cantera infinita de ellas. En el Renacimiento florecen como criaturas del mal los condottieri que venden sus artes guerreras al mejor postor, es la época de la Inquisición, la época de los horóscopos (¡oh Sandro Benedetto!), los magos y las brujas. Pero también son concebidos como ángeles las bellas artes, los grandes descubrimientos geográficos y las grandes empresas.

Belleza y monstruosidad.

Al despertar del vasto ensueño medieval, el hombre comienza a descubrir el paisaje y su propio cuerpo… La primera actitud hacia la naturaleza es de candoroso amor, como en Francisco de Asís. Pero, como observa Max Scheler, el amor suscita el deseo de dominio; y aquel amor panteísta de los inicios será seguido por una dominación proveniente de una doble raíz: una nueva clase que únicamente busca el provecho material, y una ciencia positiva que investiga las leyes del mundo físico para ponerlo a su servicio; capitalismo y conocimiento científico que son el anverso y el reverso de una misma mentalidad. (Ernesto Sábato: “Apologías y rechazos”)

memorias-de-un-enano-gnostico-por-david-madsen-455-MPE4110639208_042013-OMemorias de un enano gnóstico (1995) me parece una enorme sorpresa. Una novela desvergonzada, burlesca, una mofa, pero al mismo tiempo erudita, documentada. Como si el mismo texto fuera un tanto eso también: bello y monstruoso, religioso y profano hasta la grosería. Tratando de elevarse a lo docto y bello para, sin embargo, caer en lo escatológico.

Dos novelas, que también me fascinaron, rondan por ella. Dos novelas latinoamericanas además: Bomarzo (1962) y El obsceno pájaro de la noche (1970).

Memorias de un enano gnóstico fue escrita por un anónimo escribidor inglés, llamado David Madsen. O como yo lo he rebautizado MAD/ZEN.

Así es llamado este equívoco autor, que se esconde para mofarse de la historia, del papado de León X, de Lutero, se zurra en Rafael Buonarotti, se burla de los romanos, a quienes considera bajos, vulgares, zafios. Nadie se salva, la ralea y los nobles, los Orsini y los Colonna. En suma lanza una gran carcajada en todo lo que Manuel Mujica Lainez podría haber llevado a la prosa exquisita o José Donoso podría haber deformado en su sintaxis técnica y ectoplásmica.

El inicio de la novela es escatológico hasta la náusea. MAD/ZEN es claramente un naturalista que no le teme a la exageración y lo inequívocamente blasfemo:

Me llamó esta mañana Su Santidad a su presencia, para que le leyese a san Agustín mientras el médico le aplicaba ungüentos y salvas en el supurante ano. Uno de los mejunjes –preparado, al parecer, con pis de virgen (¿dónde habrán encontrado una virgen, en Roma?) y con una hierba rara del hortus siccus privado de Bones de Lattes, el médico principal del Papa, un judío– apestaba de modo abominable. 

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Otro ejemplo. Cuando Rafael (que a la sazón no es solamente un pintor exquisito, sino un sátiro de exageradas dimensiones) va a retratar a León X junto a dos de sus cardenales, y el enano secretario y bufón del Papa, Peppe, quien nos narra esta novela, le pide ser retratado, Rafael responde:

–Es algo que, por desgracia, se encuentra más allá de mis posibilidades. Yo solo puedo pintar lo bello.

–¿No me puedes pintar hermoso? –le pregunté, con un mero destello de esperanza.

–No puedo ir en contra de la naturaleza –dijo, tristemente–; solo puedo imitarla.

–¿Debo deducir, por tanto, que tú eres hermoso, Santidad?– le pregunté luego a León.

–Yo no –dijo él–; pero mi dinero sí.

Y a continuación se tiró un pedo, acompañándolo de un leve quejido.

Pero Memorias de un enano gnóstico es ante todo el aprendizaje del enano: de horroroso ser deforme y ayudante en ventas de un avinagrado vino en la apestosa Trastevere a aprendiz de las letras junto a la hermosa Laura Beatrice de Collini (una conjunción entre la Laura de Petrarca y la Beatrice Portinari del Maestro Dante), quien además de tener el canon de belleza definitivo de Occidente (oh injusticia del destino) renacentista (rubio, blanco, ojos azules), posee sabiduría, como los grandes humanistas de su tiempo y además introduce a nuestro enano (como Francesco Orsini al lado de su bella abuela ya marchita en Bomarzo) en los secretos del Gnosticismo (hasta su huida a un circo de fenómenos y su ascenso a la corte del inefable León X). Esa herejía que cautivó buena parte de la génesis de la literatura argentina. Ese gnosticismo que odiaba las imágenes, la carne, el mundo: ese producto imperfecto de un demonio.

Cuéntase de Plotino , genio de Alejandría de raza desconocida, que, cuando alguien le sugirió que se hiciera un retrato preguntó:

–¿No basta con que yo tenga que llevar la imagen? ¿Queréis, además, que se cree una imagen de la imagen?

La deformidad y el zafio mundo original del enano se aplaca con la inextinguible sed de conocimiento que lo embarga una vez comienza su aprendizaje junto a ella. Las letras como un barrunto de la belleza representada en Laura Beatrice.

Sus enseñanzas eran de tipo heurístico, y en mí percibió un intelecto rápido y ganoso de aprender, comprendiendo que mientras mi retorcido y deforme cuerpo se debatía sin esperanza, pegado a la tierra, mi mente era capaz de sacudirse las cadenas, desplegar las alas y levantar el vuelo.

–¿Cuándo acaba esto? –le pregunté una vez.

–¿Cuándo acaba qué, cariño mío?

–El saber. ¿Cuándo lo sabemos todo?

–¡Nunca! ¡Nunca, Peppe, nunca! No en este mundo.

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Efectivamente en la novela de MAD/ZEN, encontramos que todos son groseros, nefastos, sexuales, blasfemos. Nadie se salva. León X no es más que un enfermo príncipe que lanza diatribas contra Lutero, a quien el cismático cura no le dirige su An der christlichen Adel deutscher Nation:

“Qué pelota, qué lameculos, qué soplapollas. ¿Como se atreve a dirigirse directamente a la nobleza alemana, saltándoseme a mí? ¿Quién se ha creído que es, otro Papa? Escucha esto, Peppe, ¡escucha!… Haría que le diesen de latigazos en los cojones, si los tuviera… Blasfemo, es un hideputa vengativo… El muy cabrón tiene la osadía de explicarme cuál es mi deber”.

Ni siquiera el gran Leonardo Da Vinci:

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No me gustó ni un pelo. Cuando lo vi por primera vez era un anciano, camino a los sesenta, alto y encorvado, con una melena blanca, sucia, y una barba larga y descuidada, que olía a vómito rancio. Daba la impresión de llevar trocitos de comida a medio masticar incrustados en la ropa, por todas partes.

No obstante, esa descripción no dista mucho de lo que Ernesto Sábato, piensa de él. Entonces vemos a este ser, este best seller del siglo XXI (gracias Dan Brown), seccionando miembros, cargando cadáveres, cada vez menos seducido por la pintura, tratando de encontrar secretos mecanismos, “hace la autopsia de una mujer encinta para averiguar el origen de la vida, el último enigma. Con diabólica arrogancia escribe en su Diario: Voglio far miracoli!”.

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Acerca de Franco Cavagnaro Farfán

Novelista. He escrito la novela Huaquero http://bit.ly/1Y0CSxt y Me he puesto el traje aquel http://bit.ly/1Q2IpU3 Ambas ficciones forman mi Díptico del pasado.
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2 respuestas a Voglio far miracoli!

  1. Jael Blas dijo:

    Hola, recién termine de leer este libro. Y concuerdo con muchas de las cosas que dices en tu reseña. Pero estaba buscando información: realmente existió un enano en la corte de León X? Mi personaje favorito: Serapica.

    • Hola Jael, la ficción lo permite todo… O casi todo. Todo lo que toca se convierte en ficción. Es necesario que fuera real? Basta con que fuera una invención? Todo lo que se dice sobre los personajes históricos es verdad? Gracias por comentar!

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