La Comisión de la Verdad

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Lejos ya (o entre) de las repartijas, chuponeos y fuegos fatuos, marchitas twitteras, cortinas de humo, compras de medios, encuestas y periódicos que ejercen presión, gobiernos perdidos, este 28 de agosto se conmemoran los diez años de la presentación del Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación Nacional. A diez años de su presentación los puntos en los que incidió su Presidente como causa y consecuencia ad infinitum de los procesos históricos de la sociedad peruana, merecen ser discutidos a la luz de este gran esfuerzo. En lo personal me parece emocionante replicarlo aquí.

¿Dónde debería incidir la búsqueda de refundar el Perú?

En su Prefacio, Salomón Lerner Febres encuentra una falta de creatividad en sus cuadros dirigentes como ingredientes primordiales a vencer (este prefacio fue escrito luego de 5 años de la presentación del Informe). El 28 de agosto del 2003, la Comisión de la Verdad y Reconciliación entregó al país un informe detallado con los resultados de sus investigaciones en torno al proceso de violencia que vivimos entre los años 1980 y 2000.

Quiero citar unos fragmentos que me parecen de algún modo expresan ese deseo de refundación que deberían remarcar el sueño de los peruanos. Primero lo expresado como carencia de la sociedad peruana, y luego lo que debería buscar resolver. 

En lo sustancial, el Perú de hoy todavía se parece bastante al Perú de hace treinta años, cuando se preparaba el proyecto criminal de Sendero Luminoso. Y los modos de pensar y de sentir de una porción relevante de la población nos recuerdan a los de las autoridades políticas que en la década de 1980 pusieron a la población campesina a merced de estrategias militares de tierra arrasada. Como trasfondo de esas permanencias se podría señalar una cierta extenuación de las facultades creativas de nuestra sociedad. Es cierto que durante la década del 2000 el Perú está experimentando un apreciable crecimiento económico. Pero la creatividad de una sociedad no se expresa ni se agota en la acumulación de bienes y riquezas. 

Extenuación de las facultades creativas en el pasado y una creatividad de oropel que bien no se expresa en el “aparente” éxito económico en el presente. Uhmmm. Interesante.

En la esfera de la cultura se entrecruzan las formas como nos imaginamos a nosotros mismos, nuestras ideas sobre aquello a lo cual podemos aspirar, las maneras en que nos representamos la humanidad de nuestros compatriotas, y las figuraciones de nuestra historia… Una imaginación moral limitada dará siempre como resultado decisiones políticas de corto alcance, abocadas a la preservación de lo existente antes que a la construcción de lo deseable. Probablemente, no tengamos hoy una muestra más rotunda de ello que el proceso económico que vivimos desde hace algunos años. Las promesas del deseable crecimiento económico se traducen, en ausencia de resortes culturales de contenido ético, en soberbia, triunfalismo, altanería. Y también en autoritarismo.

En el Perú de hoy, esa corrupción de las palabras encuentra su mejor aunque involuntario aliado en la trivialidad, la impudicia y el pobre nivel intelectual de ciertos sectores de la prensa, esto es, de quienes debiendo informar y orientar se prestan con entusiasmo a servir de coro a las rudezas y simplezas verbales del poder político.

Si la verdad sirvió para desnudar el carácter efímero de una autocracia, está llamada ahora a demostrar su poderío, purificando nuestra República.

Bajo este panorama haré una reflexión breve sobre el análisis de dos novelas peruanas hecho por Víctor Vich: Lituma en los andes (1993) de Mario Vargas Llosa y La hora azul (2005) de Alonso Cueto, ambas ganadoras de premios internacionales pero esto en un próximo post.

Sin embargo, dejo una cita del libro El caníbal es el otro (2002):

La escritura es poder y el poder (ya lo sabemos) también se ejerce desde los textos literarios. El pensamiento conservador continúa produciendo interesadas imágenes sobre la nación, la cultura y la etnicidad en el Perú contemporáneo. Edward Said ha insistido en subrayar una hipótesis que hoy resulta de una gran importancia política y teórica: se trata de subrayar los contactos y complicidades entre la producción intelectual letrada y la estructuración de los aparatos de poder en el mundo contemporáneo.

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Acerca de Franco Cavagnaro Farfán

Novelista. He escrito la novela Huaquero http://bit.ly/1Y0CSxt y Me he puesto el traje aquel http://bit.ly/1Q2IpU3 Ambas ficciones forman mi Díptico del pasado.
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