Socorro, siento que la Vida se acerca

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Amo a Norma Jane.

Amo sus nefastos amores.

Amo a su madre recluida en un sanatorio.

Amo los libros que leía y a veces no entendía.

Amo su locura.

Amo sus píldoras, anfetaminas, barbitúricos y todas las demás drogas que se embutía.

Amo su soledad extrema.

Amo su locura (again).

Amo sus manuales para actores.

Amo sus amores fallidos (todos ellos, again).

Amo sus coitos a escondidas (los ausentes y los presentes, los deseados y los sufridos).

Amo su suicidio final y todos sus intentos anteriores (¿meras representaciones del acto final?).

Amo sus interpretaciones frustradas y las que fueron míticas.

Amo su mansión deshabitada de sábanas sucias y sin muebles.

Amo a la Norma Jane arrastrada de un lado a otro por su madre loca (cuando niña).

Amo a la Norma Jane en el orfanato el día que le vino la regla por primera vez.

Amo a la Norma Jane en su casa adoptiva en la que en lugar de encontrar la comprensión, encontró los celos de su madrastra, los cuales la obligaron a casarse con un chico mayor que ella y que luego la abandonó por la Segunda guerra mundial. Bucky, por favor, no me hagas daño. Ay, por favor.

Amo su primera sesión de fotos desnuda por la que le pagaron 50 dólares.

Amo su frase: Dios es la mente. La mente solo cura. Si tienes fe, todo te será dado. Era tan feliz. Puesto que nunca me había sentido tan sana, comprendí que el culto a Dios no es más que el espíritu de la salud divina (o el poder de la curación divina). El demonio no existe. El demonio es una enfermedad de la mente. 

Amo sus ausencias, sus largos e incomprensibles soliloquios, sus retrasos en el plató cuando en sesiones (como consumados espiritistas) junto a su maquillador y masajista, trataban de resucitar a la Monroe, pero no… Tú siempre fuiste Norma Jane y por eso te amo.

Amo a Norma Jane, perdida irremediablemente en el mundo… A punto de abortar (mil veces).

Amo a Norma Jane al despertar luego de horas por el sueño artificial y sintético de una píldora, en algún camerino heredado de la Dietrich en Los Ángeles.

Amo a Norma Jane buscando la felicidad de ese modo tan testarudo e ingenuo, propio de un alma pura como la suya, junto a los Dioscuros, junto al Ex Deportista, junto al Dramaturgo, junto al Presidente de los Estados Unidos.

Amo a Norma Jane cantando Happy Birthday Mr. President luego de practicarle sexo oral en Manhattan (drogada, again).

Pero por sobre todo amo que Norma Jane fuera una maladjusted.

Por sobre todo amo que creyera que la vida fuera una puta actuación.

Que no supiera comprender que la vida no tenía guión, ni que las acciones, pensamientos, deseos y palabras de los demás tuvieran un elemento significativo que le diera sentido. Y que esa misma Norma Jane obsesivamente prendida en el deseo de hallar las motivaciones escondidas de los personajes femeninos que le tocaba interpretar, no alcanzara a entender ni una pizca de las personas de carne y hueso (de los seres normales que repletan y asfixian este mundo de sombras).

Pero por sobre todo, Norma Jane (quiero que lo sepas) amo que estuvieras alejada de ellas, hundida en tu gran mansión vacía, en habitaciones oscuras y tapiadas, drogada (para no ver, para no sentir) perdida en tu rancia cama con olor a tintes, cremas, olores corporales y sábanas sucias, para soñar que regresabas al Viejo cine al que ibas cuando niña, sin mamá, sin el papá que nunca conociste (ese hombre que se atrevió a decir según tu madre loca: entre mi alma y mi carrera, elijo mi alma), mirando el ecran absolutamente tú, sola: sin ningún amante, sino tú: sola, sola, sola.

De algo estoy seguro hasta aquí: te amo Norma Jane.

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Blonde (2000) de Joyce Carol Oates, es una gran novela.

Una novela testamento (qué adecuado)

Una novela que gana por cantidad.

La Enciclopedia Monroe.

Como antes existieron la Enciclopedia Ilustrada, Oates nos dice con este ladrillazo: miren al monstruo que he construido con pedazos de una biografía. Pero a pesar de la extensión, no soy exhaustiva, minuciosa, sino que selecciono y profundizo, con una magia creadora de gran fuerza. Casi mil páginas desentrañando una leyenda.

Con el riesgo de que en esa empresa se pierda no solo a la Marilyn Monroe de carne y hueso, sino que incluso la leyenda sobre la mujer de carne y hueso también sea deformada.

Si los decimonónicos querían interpretar la comedia humana. Joyce Carol Oates intenta interpretar la comedia de una sola alma. Y esta alma es el alma pura de Norma Jane.

La leyenda. El mito. O como diría Mircea Eliade: el arquetipo.

Oates no vende sebo de culebra. Es clara, nos advierte que mejor leamos otros libros si queremos saber de Marilyn, biografías autorizadas, y aunque no lo dice: está diciendo claramente eso que nosotros esperamos que alguien lo dijera así, en mil páginas: esto es literatura señores. Y nos revela: usaré y me serviré del sinécdoque para hablar de Norma Jane.

(Sinécdoque: Tropo que consiste en extender, restringir o alterar de algún modo la significación de las palabras, para designar un todo con el nombre de una de sus partes, o viceversa).

Entonces la Norma Jane que he amado no es ni la Marilyn de carne y hueso, ni la de las películas hollywoodenses, ni la leyenda detrás de las otras dos. No. La que yo amo es el monstruo deforme, producto de una sinécdoque que ha creado con sus artes Joyce Carol Oates (genial Oates, por eso nuevamente dicen que se llevará el Nobel, y con esa prosa ¿quién no estaría de acuerdo? Lo hizo en La hija del sepulturero y en Mamá. La primera sobre el padre, la segunda sobre la madre. Y Blonde ¿qué es? Sino la ausencia de ambos).

Una vida (perdón ¿un novela?) dividida en 5 partes: 1. La niña, 2. La adolescente, 3. La mujer, 4. Marilyn y 5. La otra vida. Desde 1932 hasta 1962. 30 años. Hasta la muerte de Norma Jane a los 36 años. Pero no es sólo eso, es también como si escribir la vida de Norma Jane se hubiera transformado para la Oates en la posibilidad de explorar nuevas estéticas y como si el mismo lenguaje hubiera entrado en una gran crisis, de forma que observas cómo en capítulos enteros, el lenguaje se negara a alinearse, se negara a ordenarse y como si una atrofia, un cáncer empezara a comerse el lenguaje, como si ya no fuera posible escribir como se hacía ordenadamente (como antes, pero me pregunto ¿antes de qué?), y la locura de Norma Jane infectara el soporte de la ficción y las palabras se mezclaran todas en frases cortadas de mal modo, como los metrajes de las cintas hechas industrialmente para otra sociedad enferma.

La niña

Norma Jean - Marilyn Monroe

Lo que parece decirnos Blonde es que hay actos que nos persiguen, cintas y films que también nos siguen, una sala de exhibición donde entraba y salía una niña solitaria a seguir los besos intensos del Príncipe encantado y la Pobre doncella enamorada, a buscar un refugio, y entonces mientras nuestra narradora nos cuenta esa escena que se repite una y otra vez en su cabeza, al mismo tiempo reflexiona sobre ese lugar, el cine: No intentaba evadirse (aunque últimamente su vida se había vuelto desconcertante, como suele ser la vida de adulto para todos los que la viven), sino crear un paréntesis dentro de esa vida, deteniendo el tiempo como haría un niño con las agujas del reloj: por la fuerza.

Eso era el cine.

Desazón adulta y creciente horror.

El cine era el refugio, pues la vida cotidiana era lo que esta alma pura no soportaba: Por eso soy una fatalista. ¡Es imposible rebatir la lógica! Y por eso soy eficiente en las emergencias. O lo era. Era la vida cotidiana, el día a día, lo que era incapaz de interpretar.

Por eso en uno de esos paseos absurdos que su madre orate la obligaba a realizar, Norma Jane (la niña) visitaba y veía desde lejos esas casas fastuosas que habitaban las glorias del cine mudo hollywoodense que su madre conocía tan bien. Y unas frases resuenan en su cabeza cuando descubren la casa de Rodolfo Valentino: Recuerda Norma Jane, hay que morir en el momento oportuno.

La adolescente / La mujer

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Luego de que su madre trata de ahogarla en una bañera y es encerrada en un sanatorio, y Norma Jane debe ir a un orfanato, descubre sus cambios fisiológicos, y el odio creciente hacia su madre porque no deja que nadie la adopte. Cuando al fin lo logra es porque ya es suficientemente grande para seguir en el orfanato, su madre adoptiva en el hogar adoptivo que la acoge la expulsa a los días y hace que se case con Bucky, quien es el primero en darse cuenta que detrás de esa hermosura y esa sexualidad inconsciente y a flor de piel, habita un ser que es como un monstruo que transpira, que desea ser amado hasta la locura, por eso Bucky huye hacia la guerra para librarse de esa enfermiza demanda de atención y afectos desaforados. Sola (otra vez) tienta fortuna como modelo (casualidad) y luego actriz (oh destino que hace ¡pum!)

Cuando trata de aprender actuación, temblaba como si fuera la primera vez. Habían practicado y todo había salido bien. Entonces llegaban a ella los reproches: No te queremos. Este no es tu lugar. Serías más convincente como vagabunda o puta. No eres lo que buscamos. No eres lo que necesita La Productora. Tu interior no concuerda con tu apariencia. Eres un bicho raro.

Pero a pesar de todo lo logra y cuando los hombres la desean ahora más, ahora que lentamente deja de ser Norma Jane para ser Marilyn Monroe, conoce a gente que en el fondo es como Norma Jane, un ser escondido en el cuerpo de otro, alguien como el hijo del repudiado rojo Charles Chaplin, Cass, alguien que se atreve a confesarle: Yo perecí en el mismo instante de mi nacimiento. Porque si tu padre no quiere que existas, no tienes el legítimo derecho de existir. Y junto a otro hijo de famoso, formaron una triada sexual que los salvó del aislamiento, el fracaso y la muerte. A pesar del repudio general de Hollywood y el repudio de sus agentes que le recomendaban que no se mezclara con esos adictos, rojos y homosexuales con quienes compartía el lecho y cuyo hijo debió desechar por su carrera actoral y su salud. Cuando llega la fama y el dinero (nunca mucho y solo cuando la muerte estaba a la vuelta de la esquina), ella abandona a los Dioscuros y se convierte en Marilyn.

Marilyn / La otra vida

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Me voy a centrar en un solo aspecto de la novela en esta parte. La consciencia que tenía Norma Jane sobre el oficio de actuar. Y lo más maravilloso de esto, es que esa conciencia se refiere en el fondo a cualquier deseo de perfección que un verdadero artista busca con desesperación, para bien o para mal. Estas son las intuiciones artísticas de Norma Jane, su constante preocupación por el destino de sus personajes, su compromiso con ellos, con la ficción, sus angustias por comprenderlos, pues desea transformarlos en barruntos de su propia vida psíquica. Aquí es cuando la vida adquiere su punto más alto (parece colegir Norma Jane y de paso la Oates):

Su motivación para matar a la niña es que la niña es ella. La niña es Nell. Quiere matarse a sí misma. No quiere madurar, y quien se niega a madurar debe morir. ¡Ojalá me permitiera añadir texto! Sé que podría mejorar el guión. Nell es una poetisa, ¿sabe? Ha hecho un cursillo nocturno de poesía y escribe poemas sobre el amor y la muerte. Sobre el amor que le ha arrebatado la muerte. Estuvo recluida en un hospital y sigue entre rejas aunque esté libre, porque su prisión es su mente. ¿Por qué me miran así? Está clarísimo. Es evidente. Deje que interprete a Nell a mi manera. Yo la conozco.

1. Vida e interpretación

La vida se le antoja una eterna representación fallida:

¡Ay papá qué miedo da pensar que una escena con gente de verdad sigue y sigue para siempre! Igual que un autobús. ¿Qué puede detenerla?… ¿Alguna vez te has fijado en lo difícil que resulta descifrar lo que quiere decir la gente, cuando es posible que en realidad no quieran decir nada? No es igual que un guión. ¿No buscas a veces el sentido de algo que ha pasado, cuando de hecho no tiene sentido, sino que simplemente “ha pasado”? Igual que el clima […] En el escenario, los diálogos están en clave. El verdadero sentido del texto está debajo del texto. ¿Y en la vida?

2. Actuación

Creo que buena parte del recuerdo es sueño. Improvisar. Volver al pasado para cambiarlo… Fue una paradoja profunda y maravillosa que Norma Jane, en La tentación vive arriba, con el personaje inventado de Marilyn Monroe, tuviera la oportunidad de purgar ciertas humillaciones de su joven vida no como tragedia, sino como comedia […] El adulto aprende a ser irónico cuando sabe lo que es el dolor, la desilusión y la vergüenza, pero la Vecina de Arriba puede eliminar ese conocimiento.

3. El Dramaturgo sobre Norma Jane y su matrimonio

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Un cruce entre la patología privada y el apetito insaciable de una cultura capitalista de consumo. ¿Cómo podemos entender ese misterio? Esta obscenidad. 

4. Stanislavski

En el proceso creativo tenemos al padre, el autor de la obra; a la madre, el actor preñado con el papel; y al niño, la interpretación que ha de nacer.

5. Interpretación

El intérprete debe interpretarse siempre a sí mismo. Un sí mismo fundido en los hornos de la memoria. Conocía a Cherie hasta los más pequeños remiendos y jirones de su patético y grandioso vestido de cantante de cabaret. Conocía a Cherie tan íntimamente como había conocido a Norma Jane Baker de la agencia Prenee, Miss Productos de Aluminio 1945, Miss Productos Lácteos del Sur de California 1945, Miss Hospitalidad por diez dólares al día, sonriendo con avidez, sonriendo para ser amada. ¡Oh miradme! Contratadme. Era más feliz que con ningún otro papel cinematográfico. Pues hasta entonces nunca había elegido un papel. Al igual que una pupila de prostíbulo que o acepta al cliente que le imponen o recibe una tunda, había tenido que aceptar  los papeles que la Productora le había impuesto. Hasta entonces […] Yo haré que améis a Cherie. Cherie os partirá el duro corazón”.

6. El Dramaturgo (Arthur Miller) da una gran lección

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Siempre he creído que eres una actriz natural. La intelectualización no hará más que mutilarte. En New York te preparabas obsesivamente para las clases de interpretación, te ahogabas al cabo de unas semanas. Es el distintivo de los aficionados. De los fanáticos. Puede que sea indicio de talento, pero no lo creo. En mi opinión, es preferible que un actor toque algo en bruto y sin explorar en un personaje… Aunque no te sepas de memoria el papel, aunque tengas que improvisar, en el idioma del personaje. Un buen actor de teatro nunca actúa dos veces del mismo modo. No repite frases, las dice como si no las hubiera oído antes. ¿Crees que el pájaro podría volar si tomara conciencia del batir de sus alas y de sus pautas de vuelo? 

6. Crisis final

¡Estoy atrapada! Soy prisionera de este maniquí rubio con esta cara. ¡Sólo quiero respirar a través de esta cara! ¡Por esta nariz! ¡Por esta boca! Ayudadme a ser perfecta. Si Dios estuviera en nosotros, seríamos perfectos. Dios no está en nosotros, lo sabemos porque no somos perfectos. No quiero dinero ni fama, solo ser perfecta. El maniquí rubio llamado Marilyn soy yo y no soy yo. Ella no soy yo. Ella es mi destino. Sí, quiero que la améis. Así me amaréis a mí. ¡Yo quiero amaros! ¿Dónde estáis? Miro y miro y no hay nadie ahí.

7. Carta final a Gladys Mortesen (mamá de Norma Jane)

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Madre, soy muy feliz. A veces lloro porque estoy sola y soy tan feliz. Mi corazón puede entender a aquellos que me han herido, y los perdono. En una baldosa que está junto a la puerta de entrada de mi casa hay una inscripción en latín que dice CURSUM PERFICIO (que significa “Estoy llegando al final de mi viaje”).

Te quiero madre.

Tu amante hija.

Y bueno Norma Jane en Con faldas y a lo loco:

Y una visión distinta de su vida en un documental francés:

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Acerca de Franco Cavagnaro Farfán

Novelista. He escrito la novela Huaquero http://bit.ly/1Y0CSxt y Me he puesto el traje aquel http://bit.ly/1Q2IpU3 Ambas ficciones forman mi Díptico del pasado.
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