“MI VOZ ERA LLENA”

En El Evangelio según el Hijo (1997), Norman Mailer desconfía de los evangelios canónicos.

El buen Mailer decide meterse en la cabeza de Yeshua, nada menos. Comete el sacrilegio de reconstruir el pensamiento y el alma del Hijo del Hombre, su voz, sus dudas, amores y también (por qué no) temores. Con ello obtiene un resultado disparejo. En algunos momentos es literal, replica los evangelios, cayendo en la repetición, pero cuando recrea, se apoya en citas bíblicas que son ecos proféticos de la vida de Jesús, enunciados por los profetas del Antiguo Testamento, con lo cual obtiene grandes victorias.

No es poca cosa recrear a Jesús.

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El Hijo del Hombre de Mailer es antes que nada un hombre que duda, entre su propia voz y la de Dios. Se pregunta de dónde vienen esas palabras, muchas veces inflamadas de ira contra la estupidez y la incomprensión de quienes detentan la Ley. Yeshua en algunos momentos se siente un instrumento, siente que el mal lo ronda, los representantes del mal lo acechan de diferentes modos.

Como un cuchillo el dolor me rasgó el pecho. Pues si el Señor me daba grandes talentos, entonces estaría expuesto a la venganza de quienes odiaban al Señor.

Mailer en el 2007 nos contó una historia llena de demonios en El castillo en el bosque, una novela espectacularmente oscura, terriblemente psicótica y burlesca, en la que trata de desentrañar al Hitler de sus primeros años de infancia, desde su genealogía. Ese libro, diez años después del de Yeshua, es un perfecto contrapunto, entre el bien y el mal.

Ambas son sus dos últimas novelas.

Justo al final de su vida, Mailer trata de penetrar primero el mal, luego el bien.

En ambos casos parece claro que para Norman hay un peso muy fuerte del mundo espiritual. Espíritus buenos y malos. Que es lo mismo que de boca de Jesús parece rodearlo. Por ello la invocación de la voz es importante y es una de las constantes preocupaciones de este Jesús: ¿de quién es mi voz? ¿Realmente es mía o es de mi padre?

Mi voz se elevaba por encima de las cadencias de los fariseos y de los escribas. En esta sinagoga de Cafarnaum, como en otras, los fariseos y los escribas leían los pergaminos con un débil sonsonete gemebundo, una monotonía del corazón, como si sus gargantas, embotadas por años de concesiones, solo hablaran como carbones agonizantes.

Mientras que mi voz era llena.

Gran pasaje. Me emociono.

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Un punto importante en el libro es el diálogo que se entabla entre Judas y Jesús. Diálogo que es una respuesta al episodio largamente discutido sobre Jesús en el Templo y la expulsión de los mercaderes, es en estos capítulos que se muestra la cara siempre incómoda y jodida del gran Jesús, la incomodidad que suscitaba entre los anquilosados y carentes de una verdadera voz, es decir los fariseos y los escribas, los que detentan el poder y el dinero, los que mediante sus juegos verbales tratan de tenderle trampas, frente a las palabras de Jesús, el odio que les suscitaba se exacerba, de este modo puede encarar a Judas:

“Entonces, ¿estás conmigo?”

“Sí”.

“¿Es porque yo sé que no podemos alcanzar el Reino de los Cielos hasta que no haya ricos y pobres?”

“La verdad es, mi querido Yeshua, que no creo que tú puedas llevarnos a la salvación. Sin embargo, mientras dices todo lo que dices, los pobres sentirán el coraje de creerse iguales a los ricos. Eso me da felicidad”.

“¿Solo eso?”

“Odio a los ricos. Ellos nos emponzoñan a todos. Son vanos, inmerecedores, y pródigos con las esperanzas de quienes están por debajo de ellos. Se pasan la vida mintiendo a los humildes”.

De aquí Jesús comprende a Judas, pero sabe que estas ideas les traerá problemas en el futuro.

Cuando se trata de obrar milagros Yeshua se cuida de expulsar a los demonios, sobre todo del cuerpo de las mujeres, a quienes teme, sobre todo a las más hermosas, aquellas que tienen todos los demonios dentro de ellas.

Era vana. Era fuerte. Y pude ver que estaba casada con los siete poderes de la ira del Diablo y su progenie: los siete demonios…  El primero era la Oscuridad y su demonio era la traición. En verdad, me di cuenta mientras iba nombrando a cada uno que yo había aprendido de Satanás más de lo que quiso decirme. Así que sabía que el Deseo era el segundo poder, y el orgullo su dominio. Y el tercero era la Ignorancia, con un enorme apetito por la carne de cerdo: un demonio glotón. El Amor a la Muerte era el cuarto poder, y su demonio era no podía ser más que la lujuria por devorar a otro. Pues en ningún lado está nuestro conocimiento de la muerte más cerca de nosotros que cuando se devora la carne de otro ser humano. El quinto poder aspiraba a Todo el Dominio, y su demonio trabajaba para corromper a todos los espíritus. El buen espíritu que había venido a esta mujer y a mí se sintió abofeteado cuando salió este demonio. Y el sexto poder era Exceso de Sabiduría. Su demonio tenía el impulso de robar un alma. De todos ellos, el último era el más temible. Era la Sabiduría de la Ira; su demonio, la lujuria por arrasar una ciudad. Tales eran los siete poderes y demonios que saqué de ella. Solo entonces pude decir:

“Ve y no peques más”.

Y ella se fue.

Norman Mailer también fue un encendido hombre de política. Postuló algunas veces a cargos en New York. Aquí nos lo recuerda el gran documentalista inglés Adam Curtis. Ojo con Curtis… Es un grande. Como se explica por allí, Mailer era el líder de estos caviares de los 70 :)

Finalmente estaba ayer pensando en mi recurrencia a novelas evangelios. Creo que las tres me las he comprado cercano a las fiestas navideñas.

1. Las puertas de la misericordia (2003) del uruguayo Tomás de Mattos, una novela histórica sobre la vida de Jesús. 752 páginas de potente verbo, personajes fuertes y bien delineados.

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2. El evangelio según Jesucristo (1991) de José Saramago, una novela que hace tripas corazón del buen José y sus dudas, que hace hablar a los grabados de Albrecht Dürer.

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3. El evangelio según el Hijo (1997) del rebeldón de Mailer que no le teme al cerebro del Yeshua.

Tres buenas novelas que leí en diferentes Navidades.

Así comienza mi primer análisis después de 2 años.

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Acerca de Franco Cavagnaro Farfán

Novelista. He escrito la novela Huaquero http://bit.ly/1Y0CSxt y Me he puesto el traje aquel http://bit.ly/1Q2IpU3 Ambas ficciones forman mi Díptico del pasado.
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